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2 de octubre de 1968: 50 años sin olvidar

Por Fernanda Pazarán.

El 2 de octubre no se olvida, han pasado cincuenta años y es un tema que se mantiene vigente por sucesos parecidos. El movimiento estudiantil influyó a muchas personas, de distintas universidades, edades y estados. Los jóvenes manifestaron su descontento con la situación del país. Cuando somos jóvenes tenemos la energía para hacer y deshacer, para perseguir los ideales, para usar nuestra libertad. Los millennial somos vistos como apáticos e individualistas, encerrados en un mundo donde los likes en redes sociales son lo más importante; y reflexionándolo un poco, ya no es verdad.

Hay muchas versiones de lo que sucedió aquel día y un hecho es que jamás sabremos cuántas personas perdieron la vida; pero sin lugar a duda, la represión se mantuvo por un par de años después de la famosa fecha ya que se mantuvieron las persecuciones de estudiantes, jóvenes y cualquier sospechoso, por un par de años más.

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Todo empezó a finales de julio como un enfrentamiento entre estudiantes del IPN y de la UNAM, el problema fue que para el gobierno era inaceptable cualquier signo que alterara el orden. En lo personal creo que el entonces presidente, Gustavo Díaz Ordaz, no tiene tanta responsabilidad en el asunto como Luis Echeverría, el secretario de gobernación, y posteriormente sucesor del poder ejecutivo y uno de los peores presidentes de nuestra nación. El gobierno comenzó a arrestar gente y así empezaron las manifestaciones. Primero exigían que respetaran su integridad física, pero también se convirtió en un reclamo de la mala administración de Díaz Ordaz.

Otro problema fue que en la represión intervinieron agentes estadounidenses. En el contexto internacional se vivía una lucha entre el capitalismo y el socialismo. Nuestro vecino del norte no podía permitir que existiera propaganda del “Che Guevara, Marx o Lenin. El poder de influencia que Estados Unidos ejerce sobre México no contempla el bienestar de los mexicanos, recordemos la frase de Porfirio Díaz: “Pobre de México, tan lejos de Dios, y tan cerca de los Estados Unidos”.

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Poco funcionaron los intentos de un diálogo pacífico, el gobierno no quería perder el control y fue así como organizaron la matanza en Tlatelolco. Apresaron a muchos estudiantes en Lecumberri, sin importar si eran simpatizantes o no; los torturaron para que dijeran las mentiras necesarias para convertirlos en culpables legítimos. Aún así, los estudiantes no dejaron de cantar las porras de sus universidades, tampoco La Marsellesa ni La Internacional. El valor y la unión de la gente, es lo que hizo inolvidable esta fecha.

Grandes personajes manifestaron su desacuerdo con el gobierno, uno de ellos fue Octavio Paz quien renunció como embajador de México en India argumentando que no representaría a un gobierno que asesina a su pueblo. Leonora Carrington hizo una pintura, ella vivía con el miedo de que sus hijos, estudiantes de la UNAM, también fueran víctimas del gobierno. Hay muchas manifestaciones artísticas que hacen referencia al movimiento, como la canción de Panteón Rococó titulada “Nada pasó” y el libro “La noche de Tlatelolco” de Elena Poniatowska, quien recaudó testimonios de gente involucrada en el movimiento. En el libro de Poniatowska uno de los involucrados en el movimiento dijo:

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“Nuestras armas eran la Constitución, nuestras ideas, nuestras movilizaciones legales y pacíficas, nuestros volantes y nuestros periódicos. ¿Qué todas esas armas eran duras? Claro que lo eran. En este país todo lo que signifique movilización espontánea del pueblo y los estudiantes, organización popular independiente y crítica real al despótico gobierno que padecemos, es duro. Esta era la línea dura del CNH y hoy, esencialmente, sigue siendo válida la línea dura”, testimonio de Eduardo Valle Espinoza.

Mi reflexión sobre lo sucedido es que los jóvenes de aquella época se manifestaron por la represión, la poca libertad de expresión, los presos políticos, la corrupción, una economía y política inestable, pobreza y desigualdad. ¿Ahora estamos exentos de estos problemas? Definitivamente no. El sector de educación es el que más recibe recursos, es un ejemplo de que no son dirigidos a dónde deberían. Van más de cien periodistas asesinados desde el 2000. Aproximadamente el 43% de la población vive con condición de pobreza. Por estas razones, el movimiento del 68 no se debe olvidar.

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Me consuela ver que los millennials manifestaron su desacuerdo con lo sucedido en Ayotzinapa y el movimiento #YoSoy132. Los actos de solidaridad por el sismo del 19 de septiembre del año pasado muestran que no son egoístas y que hay unión. Con la participación en las elecciones presidenciales de este año significa que no hay tanta apatía. Esta generación que busca un cambio porque los estudiantes no tenemos la vida resuelta por el hecho de tener un título, porque hay problemas sociales como el cambio climático y porque se debe exigir el respeto a nuestros derechos. Las manifestaciones de nuestras condiciones sociales, económicas y políticas, ahora se hacen un poco diferente, pero no significa que a la juventud actual no le importe y no haga nada al respecto. Es tarea de todos construir un país justo.

Fotos: Omar Bárcena, Razi Machay.

 

 

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