#Brasil2014: Se acabó la ilusión mundialista.
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#Brasil2014: Se acabó la ilusión mundialista, sigue la realidad

  • Por Daniel Higa Alquicira.

    Se acabó el sueño mundialista. No existe más esa ilusión de conseguir el tan ansiado “quinto partido” en un mundial. La selección mexicana fue eliminada de la Copa del Mundo Brasil 2014 en octavos de final y repite la misma historia de hace 20 años.

    #Brasil2014: Se acabó la ilusión mundialista.

    #Brasil2014: Se acabó la ilusión mundialista.

    Mucho se ha debatido sobre la eliminación de la selección. Lo cierto es que este equipo superó las expectativas que muchos teníamos, aunque llegó hasta donde México había llegado en los últimos cuatro mundiales. Técnicamente no quedó a deber nada pero tampoco consiguió algo más que las otras.

    Desde el punto de vista de resultados, el equipo del “Piojo” Herrera cumplió. Si lo vemos desde el plano de desempeño en la cancha, esta selección fue muy superior a algunas de otros mundiales por su estilo de juego y por la famosa “actitud” mostrada.

    Lo cierto es que esta selección al inicio causó muy pocas expectativas por el mal paso en las eliminatorias, los cambios de técnicos y el poco fútbol mostrado en los partidos amistosos previos al mundial. Pero en la medida en que fue sacando resultados –sobre todo el empate contra Brasil– y mostrando un estilo propio, los aficionados se emocionaron y cambiaron el desánimo por alegrías.

    Pero la eliminación de México ante Holanda tiene tintes dramáticos que la hicieron aún más dolorosa –por decirlo de alguna manera–. Del minuto 88 al 94 la historia de la selección se quedó plasmada en el mismo lugar de siempre. Que si fue error del árbitro, que si era penal o no, que si Robben se dejó caer; todo esto es parte del juego y la selección mexicana no pudo mantener la ventaja y la supremacía que tuvo sobre Holanda durante casi todo el partido.

    Los mexicanos tenemos una forma complicada de ver las cosas. Vamos de un extremo al otro –hablo en este momento de criterios futbolísticos– que fue de asegurar que la selección no pasaba de la primera ronda a creer después –por su desempeño– que México llegaba al “séptimo juego”. La realidad nos indica que nada de esto fue real.

    El fútbol es un deporte que mueve masas, produce millones y hace millonarios a los jugadores y a los involucrados en el negocio. Los futbolistas tal vez son las figuras mediáticas más conocidas en todo el planeta; se han convertido en parte de  una realidad virtual que todos pueden conocer pero de la que muy pocos pueden disfrutar.

    Pero la selección nacional y el fútbol mexicano siguen padeciendo la mala organización y los caprichos de los directivos que manejan el balompié de forma inexplicable. México llegó al mundial de milagro y aunque hizo un gran papel, no hay que olvidar que las malas decisiones de los dirigentes y la búsqueda constante de hacer negocios y sobreexplotar mediáticamente un producto llamado selección nacional –sobre todo en los Estados Unidos–, han provocado –en algunas ocasiones– procesos de preparación manipulados y poco efectivos.

    Miguel Herrera tuvo un trabajo extraordinario con este grupo, pero fue solamente poco más de un mes de preparación. Algunas selecciones, como Costa Rica por ejemplo, llevan cuatro años trabajando con la misma gente, el mismo concepto futbolísticos y con un proyecto deportivo sólido. Por lógica, Costa Rica ha hecho su propia historia en este mundial, mientras México no pudo superar nuevamente el límite que lo tiene como una promesa futbolística que no acaba de crecer.

    El fútbol en México es un micro cosmos que repite los vicios y virtudes del sistema con el que funciona el país. Al menos la selección mexicana es manejada de manera monopólica por los dueños de una televisora, que toman decisiones deportivas de manera unilateral sin importar los efectos que eso pueda tener en el plano futbolístico, todo orientado a cuidar sus intereses económicos.

    Es decir, la selección se mueve entre la urgencia de obtener resultados históricos en la cancha y la incertidumbre de las decisiones y caprichos extradeportivos de los directivos. Eso pareciera que es el principal obstáculo que ha limitado el verdadero crecimiento futbolístico del “Tricolor”. Porque talento hay, también buenos entrenadores y jugadores compitiendo en las mejores ligas del mundo; algunos han sido campeones del mundo y con una medalla olímpica. A nivel directivo es donde las cosas no cambian.

    Cada cuatro años, cuando México queda eliminado siempre en el cuarto partido, todo mundo supondría que las cosas malas cambiarían y las buenas mejorarían, pero no es así, pasan los años y los errores se repiten.

    Ahí es en donde hace falta profesionalizar a los dirigentes, para que busquen un desarrollo económico basado en los éxitos deportivos y no creer que los buenos resultados vendrán si se tienen las arcas llenas de dólares .

    El fútbol mexicano tuvo mucha suerte, primero para ir de rebote al mundial y después de encontrar en Miguel Herrera un técnico capaz de hacer jugar bien al equipo, de imprimirle un estilo y una personalidad que contagia, pero sobre todo, de poner las bases para el inicio de un proceso que debería de continuar y extenderse a selecciones menores.

    “Se jugó como nunca y se perdió como siempre” parece ser la frase que mejor resume el partido de México contra Holanda, pero al menos esta selección será recordada por muchos años por ser una de las que mejor ha jugado en la historia de México, ojalá esto sea una buena premonición para Rusia 2018.

     

     

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