Cantinflas: "ni lo uno, ni lo otro, sino todo lo contrario".
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‘Cantinflas’: “ni lo uno, ni lo otro, sino todo lo contrario”

Por Enrique Figueroa Anaya.

Nacido bajo el nombre de Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes, hablar de Cantinflas es hablar de uno de los humoristas más brillantes de la época de oro del cine mexicano. Al lado de personalidades como Germán Valdez “Tin Tan”, el “carnal” Marcelo Chávez, Adalberto Martínez “Resortes”, Antonio Espino “Clavillazo”, Manolín, Shilinsky y Vitola, Cantinflas es sin duda de los cómicos emblemáticos del cine nacional.

Su carrera la empezó desde muy joven, siendo las tradicionales carpas y los teatros de revista sus primeros escenarios. Llamado Cantinflas -de acuerdo al escritor Carlos Monsiváis- por el público de la carpa Ofelia que muerto de la risa empezó a gritarle ‘¡Cuánto inflas’ (o de acuerdo a otras versiones ‘En la ¡cantina inflas!’), el cómico se rebautizó para dar nacimiento al siempre hábil Cantinflas.

Se dice que la primera interpretación que buscó este actor fue la del actor estadounidense Al Jolson, quien se pintaba la cara como negro; pero a la postre ésto no lo llevaría a cabo, sino que mas bien lograría una propia identidad basada en el “peladito” de los barrios pobres de la ciudad, con pantalones sueltos, soga como cinturón y un bigote muy particular.

 

Los primeros trabajos cinematográficos de Cantinflas se dieron junto al ruso-mexicano Estanislao Shilinsky, con quien interpretaba una serie de sketches que de inmediato llamaron la atención de productores que veían en él un enorme potencial. Así se empezaron a filmar una serie de largometrajes con Cantinflas como personaje principal, siendo No te engañes corazón (1936) la primera y Ahí está el detalle (1940) la que verdaderamente catapultaría su fama.

Tras esas primeras experiencias en cine, el cómico mexicano conoció al coleccionista de arte y productor Jacques Gelman, quien le produciría todas sus películas. Ahí empezaría la fortuna de Cantinflas, quien firmó un contrato con Columbia Pictures para que ésta distribuyera sus películas en los Estados Unidos.

Su paso hacia la inmortalidad internacional la daría cuando ingresó al mercado estadounidense con su actuación como coestelar en la cinta La vuelta al mundo en ochenta días (1956); a la que llegaría como una estrella internacional, y que le valdría un Globo de Oro, la invitación a formar parte del Paseo de la Fama en Los Ángeles, y el éxito en taquilla. Su segundo filme en Estados Unidos, sin embargo, no lograría la misma suerte. Pepe (1960) fue un fracaso y duramente criticada; su humor no lograría encajar del todo. Mario regresó a México.

Además del cine, y el teatro, Cantinflas participó también en la televisión, donde realizó un programa de dibujos animados bajo el nombre de Cantinflas Show; en el que él mismo doblaría la voz a su alter-ego que visitaba diversos rincones y episodios históricos en el mundo.

El cómico también reunió a artistas e intelectuales, como sucedió con Diego Rivera -quien le dedicara su mural en el Teatro Insurgentes-, Salvador Novo -quien escribiría el guión de la cinta que Cantinflas protagonizaría, El signo de la muerte (1939)-, y hasta el mismo Octavio Paz, a quien se dice que le hizo dudar sobre su propia vocación con una de sus películas (pues también pasó por su cabeza ser guionista de cine).

La vida de Cantinflas terminaría el 20 de abril de 1993 a causa de un cáncer de pulmón. A su homenaje, realizado en Palacio de Bellas Artes, acudieron miles de personalidades, así como el público que le siguió a lo largo de su carrera con tanta devoción.

De 1936 a 1981 Cantinflas realizó más de 40 películas. Se dice que fue reconocido por el mismo Chaplin como uno de los más grandes cómicos; y en 1992 terminaría siendo parte del propio español, cuando la Real Academia Española introdujo el verbo ‘cantinflear’ para referirse al “hablar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada”.

Sin embargo, frente a toda la luz de Cantinflas, también hubo muchas sombras del lado de Mario Moreno. Quizá su personificación en el Teatro Insurgentes sea el mejor ejemplo, ya que sus dos caras (la que daba a ricos y la que daba a pobres) terminarían una vez muerto él, sacándole sus trapitos al Sol. Se le acusó de ser parte del sistema priísta imperante en la época, de latifundista y de manejos sucios en una de tantas sucesiones en la ANDA,  entre otras cosas.

Es cierto que hay mucha polémica alrededor de su figura, sobre todo en su última etapa ya consagrado y como figura predilecta del poder (con el que se codeó); sin embargo su enorme talento, el que lo llevó a la fama, es indudable. De Cantinflas, más allá de sus muchas polémicas, nos queda su trabajo, pero sobre todo las risas que todavía nos causa gracias a sus cintas. De Mario Moreno, prontamente, espero, hablaré más ampliamente en una segunda entrega.

 

 

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