‘Club de Cuervos’, otra vuelta a los Nobles

Columnistainvitado
Por Alejandro Alemán
/ Columnista Invitado.

  • El Chava Iglesias de «Club de Cuervos» y el Javi Noble de «Nosotros los Nobles» son dos aves de la misma estirpe pero con sutiles diferencias.

Una de las razones que hicieron de «Nosotros los Nobles» un hit en la taquilla mexicana fue el despliegue de un sentido del humor que, a diferencias de muchas otras piezas recientes del cine mexicano, no se regocijaban en la broma fácil sobre las clases sociales más bajas, ni tampoco en vanagloriar el status quo de las clases altas; por el contrario, Gaz Alazraki en su ópera prima muestra una especie de humor clasista a la inversa, donde el objeto de sorna son los estereotipos de la clase alta -y joven- en México: el mirrey, el hipster, la lobuki, eran mostrados en toda su gloria y estupidez rampante. Alazraki no tenía incluso que pensar en un chiste, simple y sencillamente dejaba correr a sus personajes frente a las cámaras y los estereotipos hacían lo suyo.

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«Nosotros los Nobles» es una comedia divertida, bien actuada, con buen ritmo y sin pretensiones mayúsculas. Es también, hasta cierto punto, una oportunidad desperdiciada, ya que el argumento (guión de Adrián Zurita, Patricio Saiz y el propio director) jamás se decide por sacar los colmillos en un filme que pudo ser mucho más demoledor y crítico de aquellos grupos sociales.

Luego del éxito en taquilla (segundo lugar de aquel año, que pudo ser primero a no ser por Eugenio Derbez y su cinta… la cual francamente no quiero ni recordar), Alazraki se enfrentaba al clásico dilema de todo director debutante: el segundo proyecto.

En México, la gran mayoría de los directores de cine padece del síndrome de la ópera prima, que muchas veces se convierte en ópera póstuma dado que el preciado segundo, tercer, cuarto proyecto, muchas veces no llega jamás.

Por supuesto, en el caso de Gaz Alazraki, los bonos que te da una taquilla tan exitosa garantizaban un segundo proyecto. Lo curioso es la elección del mismo: Alazraki recibe la propuesta de Netflix para hacer la primera serie mexicana en aquella plataforma de streaming y por supuesto el director acepta el reto. Así, el segundo proyecto del cineasta no es uno que se pueda ver en cine.

Surge así «Club de Cuervos». Especie de sátira sobre una familia económicamente poderosa, dueña del equipo de fútbol de un pueblo ficticio llamado Nuevo Toledo (especie de mezcla entre Guadalajara y Monterrey). La economía, el ambiente social, la vida de este pueblo, gira en torno a lo que suceda con los Cuervos Negros de Nuevo Toledo.

Pero la serie en realidad no trata sobre el balompié. Estamos frente a un microscopio que nos dejará ver el detalle de lo que sucede dentro del club y con los dueños, la familia Iglesias. Justo al inicio de la serie, el patriarca, Salvador Iglesias, fallece de un paro cardiaco. Esto desata una guerra entre sus dos hijos, medios hermanos, quienes buscan el control del club de fútbol: la trabajadora, centrada, estudiada y ambiciosa Isabel (magnífica Mariana Treviño) y el junior, parrandero, egoísta, petulante, ignorante y no menos ambicioso Chava (Luis Gerardo Méndez).

En un primer vistazo, pareciera que estamos frente al mismo concepto de los Nobles con un simple cambio de territorio: otra historia sobre familia rica, otro relato sobre un mirrey chistoso que de buenas a primeras se queda sólo frente al mundo.

Lo cierto es que Alazraki, ya sin la restricción del tiempo propio de un largometraje, aprovecha el formato seriado para hacer dos cosas, uno: hacer una sátira no sobre un club de fútbol, sino sobre todas aquellas empresas que de buenas a primeras terminan en manos de juniors, con nulos conocimientos sobre empresas pero mucha sapiencia (o al menos eso creen) sobre todo aquello que suene “moderno”, “hip” o “cool”, entiéndase: redes sociales, apps de celular, portadas de revistas, la fama instantánea.

El Chava Iglesias de «Club de Cuervos» y el Javi Noble de «Nosotros los Nobles2 son dos aves de la misma estirpe pero con una ligera diferencia: el segundo no quiere saber nada sobre el negocio familiar, quiere crear el propio, cree tener la gran idea que le permitirá seguir siendo millonario con el menor esfuerzo posible. En cambio el primero, Iglesias, es alguien que toma las riendas del negocio no porque piense en el futuro de la empresa, ni porque tenga en mente a los cientos, miles de personas que dependen del equipo (todo el pueblo, en cierta forma), sino porque se deja seducir por el poder, por la silla, y todo lo que ello conlleva.

La seducción del poder es algo que los mexicanos sabemos, o al menos suponemos. Lo vemos cada seis años. El microuniverso del club de fútbol refleja la lucha de poder que puede suceder en una empresa, en un partido político, o en cualquier lado. Alazraki tiene aquí oportunidad de ser un poco más filoso y mostrar varios frentes sobre cómo la gente se vuelve loca por el poder. Tenemos ahora a una mujer, la hermana de Chava, a todas luces competente, más preparada que su hermano, capaz, pero que de entrada será descartada como sucesora al mando porque es mujer. Y ser mujer en un club de fútbol pues… no parece servir de nada.

Alazraki así ataca también al machismo inherente en el fútbol, coquetea incluso con la posibilidad de que dentro de los clubes se germine cierta homosexualidad que tiene que ocultarse para salvaguardar el buen nombre del club (¿Qué pasaría si algún día un jugador se revelara como homosexual?).

No obstante, la ejecución a veces parece mecánica. Si bien ya dijimos que, al menos en papel, su personaje es diferente al de la película, Luis Gerardo Méndez no sale del mismo registro, regresa a Javi Noble cambiándole el acento y el peinado, dándole incluso un tufo medio afeminado, pero en los hechos es el mismo personaje. Es él quien sostiene la trama ya que sus decisiones son las que terminan siendo el juego que detona el humor: a ver qué estupidez nueva se le ocurre a este junior, más preocupado por el número de followers que por la viabilidad económica del equipo; más preocupado por la fama y la portada de la Quién que por proveer herramientas para ganar partidos.

Y además está la guerra, la hermana que pierde la cordura ante los desplantes machistas de todos a su alrededor, el entrenador que les renuncia, el segundo al mando (Daniel Giménez Cacho, el alma de este relato) que tiene los elementos para llevar al equipo pero sabe que no es un Iglesias, se margina en un acto de amor a la camiseta. Y luego la arribista, una hermosa Mary Luz (la peruana Stephanie Cayo), que oportunamente llega a reclamar parte de la herencia so pretexto de estar embarazada del fallecido Salvador Iglesias.

La pericia técnica de Alazraki no merece mayor reproche. Es cierto, en los primeros capítulos es muy notorio el uso de pantallas verdes para simular estadios llenos, pero nada que haga mella en la narrativa, que por demás es bastante fluida aunque por instantes, algo machacosa en los despliegues visuales del director, quien por cierto -a diferencia de las series norteamericanas- se hace cargo de todos y cada uno de los trece capítulos de la primera temporada de esta serie.

Las actuaciones son en general consistentes. Mariana Treviño en su papel de Isabel es la que más transformaciones de carácter va sufriendo en la serie, siendo el personaje más interesante de todos. Del pequeño grupúsculo de jugadores de los cuales seguimos también su vida (víctimas todos de la corrupción dentro del mismo club) destaca Ianis Guerrero como capitán del equipo, otro personaje cambiante, que se irá dejando contaminar por toda la vileza que lo rodea y de la cual él no quisiera formar parte.

Pero hay dos cosas que no terminan de cuajar en todo esto. Si bien la serie intenta mantener su tamiz cómico en todos los capítulos, es notorio el giro de sátira a cuasi telenovela, donde de repente salen a relucir pruebas de ADN presuntamente adulteradas, amoríos, infidelidades, y temas propios de un melodramón televisivo que no hacen sino acelerar las acciones pero que no ahondan en el tema central: el poder.

Y segundo. Su crítica a las clases sociales altas, aun cuando más afilada en esta ocasión, no pareciera ser tal. El product placement de la serie es propio de aquello que critican: la gloria que se alcanza al estar en la portada de Quién, o Expansión, (Luis Gerardo Méndez fue portada esta misma semana), el amiguismo como forma fácil de auto adulación (no son pocos los cameos en toda la serie de amigos y allegados al director que sin ser actores tienen un papel en la cinta, más como chabacano compromiso que como propuesta actoral). En resumen, la serie por momentos pareciera abrazar aquello mismo que critica.

A casi tres semanas de su estreno, no se han dado cifras sobre audiencia ni tampoco se ha mencionado nada sobre una segunda temporada. Lo cierto es que el tema (los juniors y mirreyes) da para mucho más de qué hablar, pero Alazraki parece, ahora si, haber agotado el tema y pronto tendrá que enfrentarse al dilema ineludible del segundo largometraje o de la segunda temporada. Ojalá ya le dé un descanso a los Nobles, en cualquiera de sus variantes.

Alejandro Alemán / Columnista invitado. Alejandro se define como alguien harto de los críticos de cine, individuos que califica como «petulantes que odian el cine comercial y erigen sobre un pedestal a cualquier cinta de tres horas en blanco y negro». A Alejandro le gusta el cine, no importando su origen ni creador; para él lo ideal es platicar de lo que más le gusta:_ el cine y su experiencia. «Al fin y al cabo, la crítica la hacemos todos.» Alejandro Alemán colabora actualmente en Filmsteria!, El Universal, DIXO, CAMBIO, Radio Capital e Imagen. Como columnista invitado en Reconoce MX, es un verdadero honor contar con él.

IMG_5745Alejandro Alemán / Columnista Invitado. Alejandro se define como alguien harto de los críticos de cine, individuos que califica como «petulantes que odian el cine comercial y erigen sobre un pedestal a cualquier cinta de tres horas en blanco y negro». A Alejandro le gusta el cine, no importando su origen ni creador; para él lo ideal es platicar de lo que más le gusta: el cine y su experiencia. «Al fin y al cabo, la crítica la hacemos todos.» Alejandro Alemán colabora actualmente en Filmsteria!, El Universal, DIXO, CAMBIO, Radio Capital e Imagen. Como columnista invitado en Reconoce MX, es un verdadero honor contar con él.

 

 

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