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Comienza el 2018 con urgencia para México

Por Daniel Higa Alquicira.

Sin duda el tema central en la agenda política son las elecciones presidenciales, pero en el fondo, el debate importante debería centrarse en la crisis humanitaria, de seguridad y violencia que vive México.

2017 fue tal vez el año más violento de la historia reciente del país en tiempos de “paz”. Lugares como Baja California Sur, Colima, Zacatecas, Guanajuato, Querétaro, Aguascalientes y Tabasco, estados donde los índices de delitos de alto impacto se habían mantenido estables, ahora son las entidades con más homicidio, secuestro, extorsión y robo por cada 100 mil habitantes según cifras del Observatorio Nacional Ciudadano.

Algunos conteos como el realizado por el diario Milenio, aseguran que hubo 12 mil 532 persona asesinadas “por rencillas entre el crimen organizado” y el 2017 fue el año con más muertes desde la declaratoria de “guerra contra el narco” en 2006 y solo detrás del 2010, cuando se presentaron 12 mil 658 homicidios.

Esto sin contar las desapariciones de personas, que según cifras del Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED), a octubre de 2017 se registraron 33 mil 993 denuncias, lo que coloca a México solo por detrás de Siria en esta problemática, que sumaba hasta agosto de 2017, 85 mil 036 casos, de acuerdo al Syrian Network for Human Rights.

Sin duda 2017 no fue un buen año para México en estas áreas, pero más allá de verlo solo como un factor social aislado y depredador, en realidad esto tiene un impacto muy fuerte también en el desarrollo del país, ya que la violencia afecta la economía familiar, regional y nacional.

Por ejemplo, el Instituto de Economía y Paz en México calcula que la violencia tiene un costo de unos 25 mil pesos por habitante, seamos o no víctimas directas de hechos delictivos; pero a nivel local, esto ha sido devastador para los pequeños negocios que han tenido incluso que cerrar ante las amenazas, extorsiones, secuestros y asesinatos.

Algunos expertos aseguran que los altos niveles de inflación, que en la primea quincena de diciembre se ubicó por encima de 6.6 por ciento -una de las más altas de los últimos 16 años-, se debe en parte a los efectos que genera la inseguridad en la economía.

Luis Pérez Lezama, director de análisis y docencia económica de SAVER, asegura: “el mercado interno sigue presentando choques de oferta, motivados por inseguridad y desabasto”.

Y entonces no es casualidad que productos como el aguacate, limón o jitomate, que tiene sus principales zonas de producción en regiones donde el crimen organizado controla todo lo que se mueve, sean lo que más alzas hayan presentado en sus precios durante el año pasado.

Otro ejemplo claro es que para la Junta de Gobierno del Banco de México (Banxico), los “problemas de inseguridad pública se han mantenido como uno de los dos obstáculos más recurrentes para el crecimiento”, lo que revela la gravedad del asunto.

Así, los debates y propuestas de los candidatos presidenciales deberían centrarse en cómo buscar mecanismos de solución a la violencia, que en realidad es la que está degradando la calidad  de vida de las personas, desgarrando el tejido social y creando estructuras de poder dentro de las instituciones de seguridad y justicia manejados por el propio crimen organizado.

¿Continuar con la estrategia actual es la solución? ¿Endurecer los operativos, aumentar la violencia y combatir con armas al crimen organizado, será la fórmula adecuada? ¿Ofrecer amnistía a los narcotraficantes podría ser una alternativa?

En realidad, lo único que me dejan las cifras arriba mencionadas es que es evidente que algo no funciona y que ha causado un efecto contrario, la violencia aumenta y los niveles de seguridad disminuyen.

Y más allá de entrar en debates ideológicos estériles entre los diversos grupos que buscan la presidencia y sus “seguidores”, deberían de ser muy responsables de la realidad que vive el país, ya que –lo subrayo-, nada va a funcionar en México mientras sigan estos altos índices de violencia, inseguridad y la crisis humanitaria en aumento.

Foto: Carlos Adampol Galindo.

 

 

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