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Corrupción, corrupción y más corrupción: el balance final de la PGR

Conciencia

Por Daniel Higa Alquicira.

La Procuraduría General de la República (PGR) está muerta pero no así los efectos negativos de su mala gestión. Por un lado, la procuración de justicia quedó mutilada con la manera en que gestionó las investigaciones, las detenciones y sus funciones primarias; pero además, se convirtió en un barril sin fondo de recursos públicos que fueron utilizados de manera discrecional y sin justificación legal.

Decomisos sin reportar, dinero escondido, compra de aeronaves sin motivo alguno; otorgamiento de permisos sin licitaciones previas, derroche en gastos personales y además de todo, su función elemental quedó limitada a escándalos, berrinches y humillaciones como la “verdad histórica” de Ayotzinapa.

De acuerdo a la Secretaría de la Función Pública (SFP) y derivado de auditorías recientes, la extinta PGR de Peña Nieto, aumentó en 3.4 veces los gastos dispensables y entre 2013 y 2018 invirtió 787.3 millones de pesos anuales en viáticos y transportes, vales de despensa, alimentos y bebidas, servicios de vigilancia privada y vestuario no especializado, entre otras cosas.

Pero estos números toman otra dimensión cuando 14.5 millones de pesos fueron destinados para ir a “parques de diversiones” (seguro era parte de las terapias anti estrés) y “1.2 millones en regalos, juguetes, boletos para obras de teatro y artículos deportivos”.

Mientras tanto, la procuración de justicia se perdía en el limbo de detenciones erróneas, malas investigaciones y pésimas integraciones de expedientes; por lo que en el sexenio anterior, la PGR pasó de consignar el 32.3 por ciento de las carpetas de investigación iniciadas en 2013, a consignar el 15.6 por ciento en junio de 2018.

Así, tal como afirmó el fiscal general, Alejandro Gertz Manero, “la anarquía administrativa” durante las gestiones de Jesús Murillo Karam, Arely Gómez González, Raúl Cervantes Andrade y Alberto Elías Beltrán, se caracterizó por “compras multimillonarias con asignaciones desproporcionadas e ilógicas”.

Pero fueron al menos cuatro procuradores en el sexenio pasado y la tendencia fue la misma, lo que hace pensar que no fue un modelo exclusivo de Murillo Karam –que fue el primero en dirigir a la PGR–, sino que todo apunta a que era una orden o al menos los altos funcionarios del gobierno anterior, solaparon o motivaron este modus operandi de la institución.

Más allá de la corrupción inocultable, que ya es un hecho grave pero de alguna manera se entiende dado el manejo del país que tuvo el gobierno anterior, dejar agonizando a la PGR fue la puntilla para sentenciar al sistema de justicia en México.

Es cierto que la violencia y la inseguridad han tomado niveles de un país literalmente en guerra declarada, pero el hecho de no contar por muchas años (tal vez 18 años o muchos más) con una institución sólida y confiable, sin duda aceleró el proceso de descomposición que vivimos actualmente en el país.

Ya que como era de esperarse, la cadena de errores, corrupción, impunidad y un dispendio de recursos a favor del crimen organizado, dio como resultado atrasos y rezagos en la atención de denuncias y en las investigaciones de alta prioridad, lo que originó que la PGR se convirtiera en una institución que terminó por encubrir a los delincuentes de todo tipo.

Pero el lado positivo de esto, es que ya descubrieron estos errores y ahora la Fiscalía General de la República (FGR) tiene la oportunidad de comenzar una nueva etapa alejada de estas prácticas, retomar su papel fundamental en la procuración de la justicia y sobre todo, garantizar a la sociedad que actúa de manera moral y ética en la lucha contra la delincuencia, ya que la pobre PGR se convirtió en el hazme reír de todos pero eso sí, con mucho dinero para despilfarrar.

IMG_5743Daniel Higa Alquicira / #ConcienciaRCMX. Estudié periodismo en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán (UNAM) y soy un ferviente seguidor de los Pumas; me encanta el fútbol, la música, el cine, la literatura y los viajes. Además de un buen café, la cerveza, tequila y mezcal (puro sabor mexicano). También me encanta platicar con las personas y descubrir lo que piensan y lo que sienten. Soy un enamorado (y lo digo con todo el romanticismo posible) del poder que tienen los individuos para cambiar su entorno a través de acciones simples y que la mayoría de las veces, pasan desapercibidas. La tarea que me he propuesto es encontrarlas y hacerlas visibles.

 

 

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