Criaturas fantásticas invaden al Museo de Arte Popular.
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Criaturas fantásticas invaden al Museo de Arte Popular

  • Por Alejandro Rodríguez.

    Desde hace algún tiempo era común en mi camino al trabajo la calle de Revillagigedo, más o menos desde el año 2006. En aquel tiempo por ese rumbo se estaba haciendo algo nuevo en un edificio sin importancia, y de pronto el lugar ya estaba habitado de algo tan común que podría describirse perfectamente con la palabra popular.

    Criaturas fantásticas invaden al Museo de Arte Popular.

    Criaturas fantásticas invaden al Museo de Arte Popular.

    Más adelante me enteré que en efecto se trataba del Museo de Arte Popular que recién abría sus puertas a todo el público para mostrar lo más común en nuestra vida; las costumbres que como ciudadanos, mexicanos y humanos solemos tener. Sin embargo a pesar de todo esto, nunca había tenido la oportunidad de entrar a verlo, ya sea por falta de tiempo, prisas, flojera y muchos otros pretextos que siempre nos hacen posponer lo que queremos y/o debemos hacer.

    Finalmente hace unos días que me di el tiempo suficiente para tomar la cámara y acudir a una de esas visitas al centro de la ciudad con la obligación de visitar el Museo de Arte Popular (MAP). 



    Desde la entrada me fascinó. Lo primero que me gustó fue el costo, ya que al presentarme en día domingo como cualquier museo éste no tiene precio; fui directamente a atravesar un pasillo entre la realidad de la calle de Revillagigedo e Independencia y un mundo fantástico creado con cartón. Desde hace unos meses hay seres custodiando el lugar y aceptando visitantes que no paran de fotografiar esas creaciones. 

Ciertamente estos inquilinos ya han estado en diversas ocasiones en el MAP, toda vez que el desfile de alebrijes fue un impulsivo para la creación del museo en 2006, mostrando un poco de lo que se puede hacer con la cartonería mexicana.

    Los alebrijes son seres que pueden ser identificados como mezclas de distintos animales que se unen en un solo cuerpo creando así un personaje colorido y fuera de lo común, cosa muy parecida a las esfinges egipcias o a las diversas deidades que pueden ser recordadas dentro de la historia de la humanidad, demostrando que por medio del papel periódico, pegamento y una buena imaginación, se emulan a los antiguos pueblos que siempre manifestaron su extraña idea de hacer de los seres fantásticos parte de ellos mismos.

    Son quizá pocas piezas, en parte por el poco espacio del museo, pero a pesar de eso y con el día del niño que recientemente pasó, me puse a recordar mientras caminaba entre estos seres a una serie muy particular que marcó mi infancia: la caricatura japonesa Saint Seiya mejor conocida como Los Caballeros de Zodiaco. Y es que lejos de las batallas y súper poderes que los personajes tenían, las armaduras que vestían eran una constelación y éstas a la vez tenían una forma de animal de acuerdo a lo que el conjunto de estrellas representaba, haciendo así figuras muy parecidas a los alebrijes.

    Las piezas de cartón son quizá lo más llamativo del lugar, pero además de esto, el museo cuenta con diversas exhibiciones en donde se resalta la labor del teatro y los cabarets dentro de la vida de la ciudad de México a lo largo de los años. Ésto a través de Teatrines y Bataclanas de Montserrat Peganins, quien a través de muñecas, nos da una muestra de las dos vidas que se pueden tener en el este mundo, el cual es uno para el espectador y otro muy distinto para quien vive de él. Además exposiciones de la vida cotidiana, lo esencial y lo fantástico, conducen al visitante a darse cuenta de la importancia que tiene todo lo que le rodea en la vida diaria.

    El museo es pequeño y gratamente recomendable en recorrerlo todo y también para investigar acerca de todos los talleres que éste ofrece, mismos que por desgracia no se estaban dando cuando decidí visitar el lugar.

    El arte es algo que es complicado de describir, porque la mayoría de las personas lo tienen en un concepto que da entre lo aburrido y lo innecesario, sin embargo es este lugar un ejemplo de que el arte no se encuentra sólo en museos, exposiciones, conciertos, y más, sino en la vida habitual de cada persona, en la manera en cómo vemos las cosas que nos pasan y en el rededor que muchas veces nos parece tan común. El arte es parte de nosotros, la diferencia es que unos se atreven a expresarlo y otros sólo a presenciarlo. 

Al final todas las raíces y tradiciones se imponen, ¿o qué, no somos artesanos de nuestra propia vida?

     

     

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