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De cómo U2 me llevó a Bruno Ganz

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Por Asfaltos
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El pasado sábado nos enterábamos que el 15 de febrero, el actor suizo Bruno Ganz, falleció a causa de un cáncer de colon en su hogar a la edad de 77 años. Entre los papeles que hicieron célebre a Ganz, están el del ángel Damiel en la película «Las alas del deseo» de Wim Wenders, así como el mismísimo Adolf Hitler en «La caída» de Oliver Hirschbiegel. La primera vez que vi a Bruno Ganz, a eso de finales de los 90, un nuevo mundo se me presentó frente a los ojos.

Mi fanatismo por U2 se remonta a inicios de los años 90, cuando mis padres hacían sonar una, y otra, y otra vez las canciones que venían incluidas en los distintos casetes que tenían de la banda. Primero fue como un reflejo, reaccionando precisamente a esas canciones que musicalizaban nuestros viajes en auto; después, se volvió en pleno fanatismo. Me acuerdo que fue en 1997 cuando fui consciente por vez primera de mi gusto excesivo por la banda. Uno de mis casetes favoritos era «Zooropa» (1993).

Me llamaba mucho la atención la portada del álbum. Contrastando con la imagen de los materiales de la banda en los años 80, «Zooropa» estaba lleno de colores; además, me llamaba la atención la cara del niño -o marciano- en la portada. Musicalmente las canciones ahí incluidas fueron siempre de mi predilección. «Babyface», «Lemon», «Some Days Are Better Than Others», «The First Time» y «The Wanderer» fueron siempre de mis favoritas. Sí, también -y desde luego-, «Stay (Faraway, So Close!).

 

Mi fanatismo por U2 comenzó a llevarme por otros caminos que no había explorado. Uno de ellos se me abrió gracias precisamente a «Stay (Faraway, So Close!)». El video de la canción fue dirigido por el realizador alemán Wim Wnders. En él, había escenas en blanco y negro de los distintos miembros de la banda. Sobresalía la imagen de Bono sobre la Columna de la Victoria en Berlín. Posteriormente me enteré que entres las imágenes había escenas de las películas «Las alas del deseo» y «Faraway, So Close!» del mismo Wenders.

Cuando llegué a «Las alas del deseo» lo hacía como virgen en el cine no comercial de los Estados Unidos de América. La película me maravilló desde el inicio. La calma, el cuidado, el detalle, pero sobre todo, las reflexiones… Desde entonces los ángeles interpretados por Otto Sander y Bruno Ganz me persiguieron por años. La idea de un mundo donde cohabitamos con seres que están para acompañarnos, pero no para decidir por nosotros, me pareció siempre fascinante. Sí, ahí conocí a Bruno Ganz, y sí, ahí admiré las hermosas escenas capturadas por el cinefotógrafo alemán Henri Alekan. En Messenger, en ICQ, o en alguno de esos primeros servicios de mensajería en línea, la icónica imagen de Ganz con sus alas de ángel viendo hacia abajo, fue siempre uno de mis avatares más constantes.

A partir de la misma «Las alas del deseo», llegué a mi poeta favorito. Wim Wenders confiesa que posiblemente la idea de presentar ángeles y el desempleo en la Alemania antes de la caída del Muro de Berlín, se le pudo haber presentado tras haber leído al poeta alemán Rainer Maria Rilke, a quien el cineasta acudía siempre por las noches. En cuanto descubrí a Rilke quedé atrapado por sus letras; sobre todo, por sus cartas de las que hablaré seguramente en alguna columna en el futuro.

En fin, U2 me llevó a Wim Wenders, Wim Wenders me llevó a Rainer Maria Rilke, y en el camino me encontré con Bruno Ganz. Hace un par de meses, sin saber que sería la última vez que vería al actor suizo en pantalla grande estando él aún con vida, me dio mucha emoción encontrármelo en la más reciente producción de Lars Von Trier, «La casa de Jack». Confieso que esbocé una sonrisa tremenda cuando encontré en su personaje los papeles invertidos; en «La casa de Jack» Bruno Ganz no era un ángel, ahora era un demonio…

IMG_5743Asfaltos. Sobrevivo en una ciudad junto a millones de personas. ¿Mexiqueño? Me enamoro rápido y olvido difícilmente. Amo la música, el cine, los cómics, las mujeres y -últimamente gracias a los servicios de streaming– las series también. Vivo la vida a través de letras y melodías. Músico frustrado. Me pueden encontrar escuchando U2, Radiohead y Coldplay; así como Grand Funk Railroad, Styx y Eric Burdon; Chetes, Jumbo y Siddhartha; y hasta Jesse & Joy, Silverio y Aleks Syntek. Batman y Star Wars mis pasiones; también el Cruz Azul, pero ya saben… subcampeonísimo. Sobreviviente y náufrago; ermitaño que odia la soledad.

 

 

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