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Detrás de las sombras y apariencias, “Moonlight”

Columnistainvitado
Por Sandyluz
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Irregular la manera en la que se llevó el Oscar como “Mejor película” “Moonlight“. Cuando ya habían revelado que sería “La La Land”; cuando el equipo de producción y elenco se preparaban para los agradecimientos, la confusión se aclara y emerge con nueva faz: “Moonlight”, dirigida por Barry Jenkins y protagonizada por Shariff Earp; sin tanto aparato publicitario, pero con una visión intimista de la vida de un chico homosexual y de color, se lleva las palmas.

La cinta se centra en la historia de Terrence, quien crece en un hogar sin padre, donde la madre apenas puede con ella misma, debido a sus vicios y falta de cordura. El chico crece tímido y eclipsado, en un ambiente escolar violento, en medio de chicos que lo hostigan, debido a su apariencia solitaria y vulnerable. En una de sus fugas, conoce a Juan (Mahershala Ali), quien sin pretenderlo, le obsequia una figura paterna exprés y una lección de vida: su abuela le había dicho que él era un chico muy negro, muy oscuro, pero cuando la luna dejaba caer su halo de luz sobre él, entonces su piel lucía azul; lucía peculiar; nadie como él. Esa anécdota crea entre Juan y Terrence una comunión indisoluble; hace comprender a Terrence que es valioso, con todo y su singularidad; y ése es el principio de reconocerse homosexual. Los años pasan y Terrence, ahora de apariencia ruda y callejera, sigue siendo el mismo: un niño silencioso, sensible, que atesora el secreto de su identidad sexual. Se reúne con su compañero infantil de epifanías y juntos llegan a la reflexión de que las calles siguen igual, a pesar de los años; entre ellos también todo sigue igual: ni el tiempo, ni los roles sociales pudieron disolver el lazo íntimo y profundo que conectó sus almas.

Y si nos preguntamos, ¿por qué ganó esta cinta el galardón a “Mejor película”? ¿Acaso fue un ardid, para demostrar la equidad racial a toda costa? La respuesta es no. Ganó por su visión poética, en el tratamiento del tema. Tiene hechura y mueve las fibras profundas del espectador, hacia el sótano de las sensibilidades de una raza negra antes no vista. Las personas de color no sólo pueden contar la historia de cómo fueron esclavizados, de cómo carecieron de derechos y dignidad; también, pueden hablarnos de las injusticias que se viven hacia el interior de sus barrios, donde su misma gente de color es capaz de causar los peores estragos, ya sea un madre drogadicta, un padre violento, o una pandilla de chicos abusivos y mal encauzados.

El momento clave de la cinta es la metafórica escena del mar, en donde Terrence (Little) revela su identidad sexual. La luz de la luna ilumina a ambos amigos, quienes retozan en la arena; y casi como un juego; casi por impulso y nerviosamente, se otorgan las caricias amistosas, furtivas, que se transforman en el juego amoroso de dos chicos que comienzan a explorar su sexualidad. Nada más inocente, casual y efímero que este momento, el cual marca de por vida a Terrence. A pesar de que años después se hubiera construido una apariencia de hombre musculoso e intimidante, la mirada taciturna y melancólica revela el sentir de su alma: todo ello es el camuflaje, para sobrevivir en un barrio de negros, en donde hay desigualdad y violencia. Los amores más censurados también a veces son los más inocentes y puros…

“Moonlight” ofrece una historia de ese otro lado de la luna; la faz que oculta ante los ojos de una sociedad prejuiciosa, donde, no importa si eres blanco o negro, las normas sociales pueden asfixiar la peculiaridad del que es minoría. Con actuaciones tan realistas como humanas, “Moonlight” nos demuestra que la mejor historia puede estar a la vuelta de la esquina, en la calle transitada, en la cotidianidad de cualquier grupo de gente. Así, sin mayores aspavientos, sin el dramatismo y musicalidad teatral que exhibe “La La Land”, “Moonlight” recibe este año su reconocimiento como mejor cinta, quizás por sensible y realista.

 

IMG_5743Sandyluz. “Detrás de la pluma…” Egresada del Tecnológico de Monterrey Campus Toluca, de la carrera de Ciencias de la Comunicación. Completó estudios de Creación Literaria en la Escuela de Escritores del Estado de México (SOGEM). También terminó una maestría en Estudios Humanísticos con especialidad en Literatura, en el Tecnológico de Monterrey. En un plano más relajado, es aficionada a los libros y a la escritura desde corta edad; ha escrito de manera informal cuentos y poesías; con uno de sus primeros cuentos ganó un concurso local del cual obtuvo su primer retribución económica y profesional, siendo ello un significativo incentivo para seguir escribiendo. La Literatura ha sido una válvula de escape para no enfermar de realidad. La fantasía reanima el fulgor de los sueños que soñamos dormidos y que soñamos despiertos…

 

 

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