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Donald Trump y el complejo de los candidatos

Por Daniel Higa Alquicira.

El magnate estadounidense Donald Trump ha causado polémica desde que inició su precampaña presidencial. Su principal pecado ha sido arremeter contra los migrantes mexicanos y considerarlos solamente como unos «criminales, violadores y narcotraficantes».

Aunque las respuestas oficiales no fueron muy severas que digamos y las reacciones en México fueron más de «tirar a loco» a Trump que de verdadero enojo, sus palabras han calado muy fuerte en los Estados Unidos, a tal grado que la parte más sagrada, es decir sus negocios, ya se han visto afectados.

La cadena Univisión, la de más grande audiencia latina, dio por terminada su relación comercial con la empresa Miss Universo que pertenece a Donald Trump, y rompió con él todo tipo de arreglo o negocio previo, actual y futuro.

Las palabras de Trump fueron definitivamente pensadas y no un arranque pasional ocasionado por la adrenalina del momento. Como buen soldado defensor de las » buenas costumbres» y con ideas ultraconservadoras, el magnate sabía que esas palabras iban a caer muy bien en el ala mocha del Partido Republicano; el problema es que cayeron muy mal en el resto del mundo.

Trump ha intentado matizar sus palabras al decir que «ama a México y los mexicanos» y que lo que pretendía era demostrar los «arreglos turbios» que tiene el gobierno de su país con su vecino del sur; en algo que no queda claro a qué se refiere ni él se ha preocupado por definirlo mejor ni ha mostrado pruebas de algo real.

donaldtrump-missuniverso«Univisión quiere echar atrás el contrato firmado con @MissUniverse porque yo había expuesto los terribles acuerdos comerciales que hace Estados Unidos con México”, escribió en su cuenta de Twitter.

Y agregó en otro mensaje:

donaldtrump-missuniverso-2«Amo a México pero no los acuerdos comerciales desleales que los Estados Unidos hacen estúpidamente con el país. Muy mal para los empleos de Estados Unidos, buenos sólo para México”, dijo el multimillonario.

Decimos que Trump se enfermó del síndrome/complejo de los candidatos políticos porque parece que todo aquel que inicia una campaña se siente un ser superior, que lo puede todo, que va a arreglar el mundo y que sus decisiones serán el designio de un ente que no tiene límites; que manda sobre todos los demás y que no hay poder en el mundo que lo pueda detener.

Acabamos de pasar por un periodo electoral en México en donde las promesas fueron descomunales y las propuestas muy pobres.

Esto quiere decir que en todos lados se » cuecen habas». Que payasos y engreídos siempre va haber en la política de todo el mundo y que el complejo de «superioridad» -ese que dijeron que murió con la caída de Berlín- sigue presente en ciertas mentes que se vuelven locas por el poder.

Lo cierto es que la comunidad latina en los EEUU se ha convertido en un factor de cambio. Nada más basta recordar lo trascendental que fue su voto para que Obama ganara la presidencia y su reelección, algo que Hillary Clinton  sabe y por eso abrió su precampaña diciendo que apoyaría a los migrantes de forma incondicional.

Y como datos adicionales alrededor de 33.5 millones de personas de origen mexicano, incluidos los de segunda y tercera generación, residen en Estados Unidos y contribuyen con 8% del Producto Interno Bruto de aquel país.

Existen aproximadamente 570 mil empresas en Estados Unidos que son propiedad de inmigrantes mexicanos; es decir, más de una de cada 25 empresas en el país.

Los ingresos generados anualmente por estas empresas están calculados en 17 mil millones de dólares. Asimismo, el número de emprendedores hispanos ha aumentado en los últimos años, pasando de medio millón en 1990 a más de 2 millones en 2012.

Más de uno de cada diez inmigrantes hispanos son emprendedores, mientras que cada inmigrante crea 1.2 nuevos empleos en una comunidad.

Esta evidencia fue lo que precisamente no vio ni Trump ni sus consejeros, un mercado políticamente y económicamente muy poderoso, aunque no lo quiera reconocer el señor del copete -otro copetudo- que parece bisoñé.

Foto de Gage Skidmore.

 

 

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