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El adiós de Peña Nieto: se va rumbo al olvido

Por Daniel Higa Alquicira.

Seguramente ser presidente de la república no ha de ser una misión sencilla ni agradable, como a veces se supone. Difícilmente se puede quedar bien con todo el mundo y hay que tomar medidas que irán en contra de la popularidad y la aceptación social.

De eso nadie tiene duda, pero lo increíble de Enrique Peña Nieto es que hizo de sus errores su sello personal. Fue como una especie de aislamiento del mundo real para vivir en una burbuja en donde solo tal vez su familia, le celebró lo que él llamó “un sexenio de desarrollo”.

Su sexto informe de gobierno no tuvo nada de espectacular, salvo que como ya lo dijimos, se enorgulleció de sus nefastos errores a lo largo de su gestión. Sobre todo del caso Ayotzinapa, en donde defendió la “verdad histórica”, refutó la opinión de los expertos y aseguró –increíblemente– que a los estudiantes desaparecidos los quemaron.

“Hoy somos un país mejor del que éramos hace seis años”, dijo Peña Nieto en su discurso al presentar su sexto informe de gobierno y más allá de los éxitos económicos, como “la mayor inversión extranjera directa de nuestra historia” o “la inflación más baja para un sexenio desde hace casi 50 años”; así como “finanzas públicas sanas”, éstas que no se vieron reflejado en lo más mínimo en la calidad de vida de los mexicanos. Esto a pesar de que según el presidente, se crearon casi “4 millones de nuevos puestos de trabajo en este sexenio” y se lograron “los menores porcentajes de pobreza y de carencias sociales desde que se tiene registro”.

Además del tema de seguridad y justicia, en donde solo reconoció que “no alcanzamos el objetivo de recuperar la paz y la seguridad para los mexicanos en todos los rincones del país”.

Peña Nieto pasará a la historia pero no por ser el “reformador” y “salvador de México”, sino por ser uno de los culpables de la debacle del “nuevo” PRI, ese que al principio del sexenio aseguró que era diferente a todos los demás pero resulto ser una nueva versión recargada de la corrupción institucional.

¿En verdad somos un país mejor del que éramos hace seis años? ¿Entonces por qué la sociedad no lo quiere? ¿Por qué es el peor calificado en la historia reciente y por qué se va sin la menor aceptación social?

Lo cierto es que tras el escándalo de la “Casa Blanca” y luego Ayotzinapa, su popularidad se derrumbó,  pero fue sobre todo hacia el final de su sexenio, que parecía más un fantasma que de vez en cuando aparecía en las noticias, en algún acto internacional, y que se colgó de las elecciones y de AMLO para tener cierta presencia mediática de julio hasta el pasado 3 de septiembre, cuando se despidió con su sexto informe de gobierno.

La historia lo ha de juzgar como dijo alguno de sus mentores y también ex presidente de México, pero haciendo un ejercicio retrospectivo; qué razón tenían esos jóvenes estudiantes dio origen al #YoSoy132, cuando lo obligaron a encerrarse en el baño de la Universidad Iberoamericana para protegerse de ellos, cuando apenas comenzaba su campaña presidencial. Esa fue una predicción de lo que sería el mandato de Peña Nieto, huyendo siempre de las acusaciones y los reclamos y escondiéndose en los baños, donde todo es más seguro.

Tal como lo dijo su hija Paulina Peña Pretelini, en una carta que le escribió a su padre, “recuerdo cuando tenía 9 años, y tú y mi mamá nos sentaron a mí y a mis hermanos en el baño (no sé por qué siempre son las reuniones familiares ahí, hasta la fecha…)” El baño como refugio, como centro neurológico de las cosas, como el lugar seguro donde nadie puede entrar.

Y puede ser que desde ahí, con el retrete, el lavabo y la tina como compañías, haya gobernado a México… Un país que tal vez no sea un desastre en muchos sentidos, pero que mejor que hace seis año no está.

 

 

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