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El cine que no vemos, o que no nos dejan ver

la-ballesta
Por Asfaltos
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Hace tiempo escuchaba de un colega que por estadística, entre el 60% y 70% de los espectadores de cine, eligen qué ver hasta el momento en el que se ponen frente a la cartelera del cine de su elección. El número me parecía altísimo, y sin duda alarmante. No conozco la estadística del porcentaje restante, ni tampoco de quienes acuden gracias a las recomendaciones de quienes reseñamos cine en medios de comunicación como Reconoce MX. El asunto es que pensando en eso, quienes acuden al cine terminan siendo muy influenciados por los exhibidores, quienes eligen los mejores horarios para las películas que ellos consideran se venden mejor…

El año pasado dediqué una de mis columnas a la llamada censura económica, un tema que me sigue pareciendo pertinente de discutir; ahora más que tras la controversia entre las exhibidoras comerciales y la película “Roma” de Alfonso Cuarón, volvió a surgir el tema de cómo funciona la exhibición de cine, por lo pronto en nuestro país. Ya lo destaqué en esa otra columna que dediqué al tema “Roma”: “a partir de la exhibición de ‘Roma’ se ha puesto el ojo de manera muy abierta en el circuito de cines independientes en México“. Muchos habrán pisado por primera vez Cineteca Nacional y se habrán enterado de espacios como Cinemanía y Cine Tonalá, justo cuando buscaban en qué cines se exhibía la película de moda en nuestro país.

Sin embargo, y a pesar de las “complicaciones” de “Roma” para exhibirse, la película se pudo ver, y mucho. Cintas mexicanas, o de arte de otros países, no la tienen tan fácil. Se encuentran si acaso con la Cineteca Nacional como primer oasis de exhibición, y posteriormente con ese circuito de exhibición alternativa poco conocido entre ese 60%-70% de quienes eligen qué ver cuando se ponen frente a la cartelera cinematográfica. Una vez exhibidas, con suerte, se lanzarán en formato de DVD o quizá aparezcan en televisión, pero de eso no hay absoluta certeza. Es muy posible que cuando una película se exhiba, jamás se vuelva a proyectar.

Para quienes amamos el cine existen otros espacios para poder disfrutar de éste. Existe la televisión, que en este caso sería la de paga; pues la abierta si bien tiene espacios de importancia como Canal 22, Canal Once y TV UNAM -que afortunadamente no se rigen por una lógica de mercado-, no dejan de ser marginales frente a la oferta menos inteligente de la mayor parte del medio. Pero un momento… ¿La televisión de paga es la panacea? Existen canales dedicados a cine, naturalmente, sin embargo, ¿se han puesto a verlos? La programación en esencia replica lo que hemos visto en las carteleras de cine comercial. Sí, existen canales con distintas propuestas, pero no pasan de lo básico. ¿Clásicos? TCM, el “canal de clásicos por excelencia”, transmite actualmente y con una terrorífica regularidad, películas populares de los 80 y de los 90. En horarios difíciles de repente se encuentra algo bueno, pero en realidad es poco. Si acaso De Película vendría siendo un canal interesante, pues se dedica al cine mexicano y en su mayoría contiene cosas interesantes por ver.

Sin embargo, y a lo que voy con todo esto, es que el cine que vemos y que nos dejan ver, es marginal frente a la enorme oferta que finalmente podríamos llegar a tener. Desde hace unos años dedicado a la difusión de cine, sin querer me he convertido en cautivo de la cartelera comercial como la mayor parte del público también. Hay oasis como los de los ciclos de la Cineteca Nacional que me refrescan, así como del sector cultural, pero al final terminan siendo también parte de esa cartelera comercial, aunque “más alternativa”. Sí, existen los festivales de cine, pero éstos inclusive se nutren de ciertas reglas, gustos e intereses que llevan a películas a destacar por encima de otras. Los grandes nombres pesan, y como también hice notar en otra columna sobre la carrera del Óscar de “Roma”, las campañas publicitarias y políticas son importantísimas. El cine que llega a colecciones de DVD o BD pasa por filtros, por gustos. Las afamadas colecciones como The Criterion Collection, terminan siendo a su manera también un filtro de todo el cine existente.

Interesado en otro cine que no es tan fácil de encontrar, impulsé un proyecto en Tomatazos.com llamado “Videoteca Tomatazos“, donde me he topado con absolutas joyas que me gustaría se pudieran ver en otros espacios -sí, películas estrenadas de manera comercial, pero que con el paso del tiempo han sido en su mayoría olvidadas-; quizá, con un cineclub podría resolverlo, porque muchas de esas cintas no se pueden ver o encontrar en otros espacios.

La semana pasada, vía Twitter, un acontecimiento me hizo pensar en escribir esta reflexión. Anunciada a inicios de 2017 como el próximo estreno del realizador Olallo Rubio -así lo consigné hace dos años con una nota acá-, el documental “Jefe de jefes” terminó en el olvido por un asunto legal entre Olallo y uno de los integrantes de la afamada agrupación. Constantemente en su programa por la plataforma de audio streaming, Convoy Network, Olallo lanzaba pistas de que el asunto legal era el que había provocado el estancamiento del documental; mismo, que si no mal recuerdo, decía que le daba igual si se filtraba o no. Pues se filtró, el año pasado “Jefe de jefes” se filtró y así lo anunció Iván Nieblas, amigo del propio realizador. La película se subió a YouTube y posteriormente se bajó, pero sí, la semana pasada volvió a salir a la luz pero ahora vía la plataforma de Mega; yo -y muchos más- nos enteramos por Edgar David Aguilera, colaborador del mismo Convoy de Olallo Rubio -donde Iván Nieblas también participa-. Ya pronto haré una reseña de “Jefe de jefes”, misma que obvio ya descargué antes de que la bajaran; pero el asunto es que abriéndose paso entre líos legales -cuyos candados desconozco en este caso en particular-, la película se abrió paso y se dio a conocer contra cualquier ley de mercado que se lo pudiera impedir. Aún si se bajara de Mega por un reclamo legal, ¿qué impediría el camino de “Jefe de jefes” entre los ordenadores para su visualización?

En el Festival Internacional de Cine de Morelia, para ser preciso en la edición de 2010, el realizador español Fernando Trueba contaba una anécdota que hasta la fecha no logro quitarme de la cabeza. En una visita a Ciudad de México, al español le surgió una duda tremenda. Una película suya, cuyo título no recuerdo, no se encontraba en la colección del realizador. Sí, el propio Fernando Trueba no tenía acceso a una película que él mismo filmó, por lo que en su visita a Ciudad de México una tremenda idea le surgió… ¿Y si la buscaba en un puesto pirata mexicano? Pidió al chofer que le estaba llevando a distintos lugares, que le investigara y le llevara al mejor puesto de cine pirata en la ciudad, cosa que el chofer consiguió. Ya, ahí, Fernando pidió el título frente al diligente vendedor quien le dijo que “no…, no la tengo en este momento, pero deme un par de horas, jefe, y se la consigo”. Trueba, sorprendido, esperó el tiempo indicado y la consiguió. La cinta que ni él mismo había podido obtener, la consiguió en un puesto pirata. True story.

Hay un cine que difícilmente volveremos a ver, un cine que jamás se llegará a proyectar por equis o ye razones, y un cine que tristemente jamás se realizará. En los listados de lo mejor en cine en determinado año se habla de lo que se pudo ver, y obviamente no de lo que no se pudo ver… ¿Es justo determinar que fue lo mejor en un año? ¿No será mas bien lo mejor, de acuerdo al mercado o concretamente a lo que nos dejaron ver? Existen muchos esfuerzos en internet por abrir las posibilidades de ver cine. Auténticas filmotecas clandestinas reúnen el trabajo de cinéfilos que las almacenan y hacen lo posible porque la gente pueda disfrutarlas. Cine de otras partes del mundo, cine de hace muchos años que no fue lanzado en DVD o en BD. Hay, en efecto, un mundo allá afuera. No nos dejemos contaminar por esa cartelera semanal de cine, por la televisión, por lo que parece es lo único que hay; descubramos el cine que no vemos, o que no nos dejan ver.

Foto de portada: 3 Gen MDF
Foto de interior: Nathan Gibbs.

IMG_5743Asfaltos. Sobrevivo en una ciudad junto a millones de personas. ¿Mexiqueño? Me enamoro rápido y olvido difícilmente. Amo la música, el cine, los cómics, las mujeres y -últimamente gracias a los servicios de streaming– las series también. Vivo la vida a través de letras y melodías. Músico frustrado. Me pueden encontrar escuchando U2, Radiohead y Coldplay; así como Grand Funk Railroad, Styx y Eric Burdon; Chetes, Jumbo y Siddhartha; y hasta Jesse & Joy, Silverio y Aleks Syntek. Batman y Star Wars mis pasiones; también el Cruz Azul, pero ya saben… subcampeonísimo. Sobreviviente y náufrago; ermitaño que odia la soledad.

 

 

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