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«El discípulo»: duelo ideológico lleno de tensión

Por Asfaltos.

La primera escena de «El discípulo» (2016) nos presenta a Venya, un chico que es reprendido en casa fuertemente por su mamá. El motivo es que él decidió faltar a clases de natación; tras lo cual ella, agobiada por la carga del día a día que significa mantener un hogar por sí misma, le recrimina éste que le haga cargar con un peso más. Venya evade, no contesta y por lo mismo impacienta a su madre. «¿Por qué no nadas?», le pregunta ella. «Porque mi religión me lo prohíbe», le contesta él.

Dirigida por el ruso Kirill Serebrennikov llega a México, después de casi dos años de haberse estrenado, la película «El discípulo». La cinta nos presenta a un conflictivo estudiante que pone en crisis a toda una escuela. La respuesta que Venya da a su madre en la primera escena ya descrita, provoca no solo la sonrisa de ella sino también del público que apenas se encuentra con la historia. El pequeño detalle, sin embargo, es que la respuesta de Venya es seria y honesta: su religión se lo prohíbe.

Desde el principio «El discípulo» no suelta. Se trata de un viaje trepidante por los días incendiarios provocados por Venya. El personaje es interpretado magistralmente por el joven actor Pyotr Skvortsov, quien ofrece desde el inicio uno de los elementos más interesantes a observar en la película. Si bien con grandes exageraciones en su interpetación, no hay que obviar que son éstas nada mas y nada menos que el reflejo de la alucinante pasión que el personaje se toma tan a pecho.

¿Su problema? Que el mundo está sumido en una decadencia; que la humanidad ha varado en los últimos años en una franca pestilencia. Las palabras, dictadas nada mas y nada menos que por la voz de Dios (todas ellas debidamente citadas de la Biblia a lo largo de la película), han sido olvidadas y desechadas. «No has leído la Biblia», le espeta Venya a un sacerdote que intenta acercarse para ayudarle y posteriormente sumarle. Pero Venya le critica su templo, su sermón y su oro. El joven profeta está asqueado del estado del mundo que Dios creó hace mucho tiempo en solo 6 días.

El origen de la película no podría ser más esclarecedor. A pesar de que en las pasadas semanas se vivió a través de la televisión una cara impecable y luminosa de la Rusia actual, lo que «El discípulo» consigue es presentarnos la otra cara; la de un país reprimido por la protesta, por la imposición, por la violencia y por la mano dura.

Pero además, «El discípulo» nos cuenta una historia más universal, una que se ha visto replicarse en todo el mundo gracias al cuestionamiento de parte de la humanidad a conceptos que en otro momento nos hubieran parecido menos dudosos. En la película de Serebrennikov, por cierto basada en una obra de teatro de Marius von Mayenburg titulada en inglés «Martyr», nos encontramos con un Venya que cuestiona la ciencia en favor de la religión. «El discípulo», sin embargo, en un sentido más amplio lleva el debate a preguntarnos otras luchas ideológicas que van siendo ganadas por la cerrazón y la intolerancia.

Extraordinariamente filmada, con dos duelos actorales maravillosos (entre Pyotr Skvortsov y Viktoriya Isakova) y una tensión que no suelta, «El discípulo» es sin duda una película que vale la pena lanzarse a ver en el cine no solo por su historia. Sí, quizá hacia el final lo que se nos cuenta se le salga un poco de las manos al propio realizador, pero eso no termina por tumbarle su trabajo como para convertirle en lo que podría haber culminado en desastre. Por el planteamiento en cómo se nos presenta todo, «El discípulo» resulta ya un trabajo imperdible.

 

«El discípulo» llega a cines a partir de mañana jueves 26 de julio, de la mano del sello de Alfhaville . ¿La ven y la platicamos!

Con imágenes cortesía de Alfhaville.

 

 

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