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El hogar del legado moderno

Columnistainvitado

Texto y fotos por Alejandro Castañeda Hernández.

“Los fluidos se desplazan con facilidad (…) emergen incólumes de sus encuentros con los sólidos en tanto que estos últimos- si es que siguen siendo solidos tras el encuentro – sufren un cambio: se humedecen o se empapan. (…) La fluidez o la liquidez son metáforas adecuadas para aprehender la naturaleza de la fase actual – en muchos sentidos nueva- de la historia de la modernidad”, (Bauman, 2002).

Inaugurado en 1964, durante la presidencia de Adolfo López Mateos, el Museo de Arte Moderno comenzó como un hogar para el legado historicista de la revolución, sin embargo con el paso de los años fue permitiendo un acceso mayor a obras cada vez más actualizada, obras que transformaban la ideología de lo que realmente significaba ser mexicano dando paso a las vanguardias. El edificio fue diseñado por Pedro Ramírez Vásquez con figuras orgánicas, las cuales fluyen de manera armoniosa entre el interior y los jardines de exterior diseñados por Juan Siles. Si algo destaco durante mi recorrido en este museo, son dos cosas: la atmósfera oscura al interior de los edificios y el contraste que éste hacía con los colores brillantes del exterior.

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Visitar este museo es una experiencia tanto vigorizante como agotadora, por un lado la cantidad de exposiciones y obras presentes en las diversas salas siempre ofrecen a la vista un espectáculo diferente donde sea que ésta se pose, elemento que puede satisfacer a un visitante cuya finalidad es simplemente conocer un poco más de la cultura moderna o algún artista que busque inspiración para algún proyecto a futuro; sin embargo para un observador ávido, la cantidad de obras presentes y el análisis de las mismas puede representar un reto por sí mismo, haciendo necesarias un par de horas para simplemente analizar la mitad de las experiencias disponibles en este museo lleno de trabajos cuyo significado y técnica representan un manjar para el cerebro analítico.

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Hablando de exposiciones, el museo actualmente posee siete diferentes -prontamente ocho-, cada una con una temática totalmente diferente, desde las pinturas en acuarela de un pintor francés retratando a México en la actualidad, hasta esculturas que cambian de forma dependiendo del ángulo desde el cual se les mire. Entre éstas destaca la exposición de pinturas donadas por uno de los íconos de la pintura mexicana, Rufino Tamayo, una conglomeración de arte llena de color y misterio, donde las figuras y formas se transforman de realistas a trazos meramente reconocibles, dándonos una clara representación de aquello que pasaba por la cabeza del autor en cada etapa de su vida en la cual decidió pintar sus dichosos cuadros. Por otro lado la colección de arte vanguardista mexicano no se queda muy atrás en términos de espectáculo, pues a diferencia de las obras centralizadas alrededor de un solo autor, esta etapa del museo brinda al visitante un buffet de artistas cada uno con su estilo y visión tan única que prometen sorprender al más escéptico de los críticos que puedan visitar este lugar; desde demostraciones de pintura surrealista, composiciones pictóricas que buscan competir con la mismísima fotografía, el trabajo de artistas reconocidos mundialmente como Diego Rivera y Frida Khalo, hasta ejemplos bien preservados de impresiones de la realidad impregnadas sobre plata. La visita al interior de este museo promete una experiencia totalmente gratificante a todo aquel que busque empaparse un poco de la cultura moderna.

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Sin embargo la experiencia en los jardines del museo promete otra historia completamente diferente a su oscuro y estático interior. En los jardines uno puede explorar los vestigios de la cultura indígena mexicana, remasterizada por artistas modernos, encontrará testificaciones presenciales de la habilidad de transformar enormes tiras de fierro así como otros materiales sobrados de la época de la revolución mexicana en figuras humanas, tanto como impresionantes trabajos cuya forma cambia dependiendo de la posición del espectador. Este jardín que con sus amplios espacios abiertos funciona como un excelente descanso para aquellos aventureros agotados del interior, o como un asombroso preámbulo para el aventurarse dentro, ofrece un momento de curiosidad y juego al permitir la libertad de movimiento en un espacio que promete calma y privacidad para todos aquellos que busquen perderse en el trabajo ajeno.

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El Museo de Arte Moderno es una experiencia completa que promete satisfacer a todo tipo de visitante, brindando una oportunidad de experimentar el arte a profundidad de manera vasta y casi personalizada, un lugar que cumple con su propósito de inspirar y exponer a los artistas mexicanos, o aquellos que saben apreciar la belleza que habita en nuestra cultura. Una presentación clara de la expresión artística moderna y cómo ésto permeó cual agua sobre sólido a el futuro de todo aquello que le precedió.

Bibliografía: Bauman, Z. (2002). “Modernidad liquida”. Argentina: Foro de CulturaEconómica. Página 9.

 

 

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