El Zócalo, corazón de la Ciudad de México (s. XVI-XVIII).
  • Page Views 3174

El Zócalo, corazón de la Ciudad de México (s. XVI-XVIII)

Por Enrique Ortiz.

Actualmente es un espacio que se utiliza principalmente para manifestarse, sin embargo en otras épocas se utilizó con otros propósitos que iban desde lo religioso hasta el intercambio comercial. Se trata de un espacio histórico que ha cambiado de nombre en repetidas ocasiones como por ejemplo Zócalo, Plaza Mayor, Plaza de la Constitución, Plaza de Armas o la Gran Explanada en tiempos prehispánicos. Un dato curioso, el nombre de Plaza de la Constitución se le dio en 1812 gracias a la Constitución de Cádiz promulgada en España que desconociendo el gobierno napoleónico representado por José Bonaparte. Posteriormente retomó el nombre pero debido a la Constitución de 1917 redactada en nuestro país.

Esta gran plataforma es y fue el corazón de la Ciudad de México, un espacio público donde se concentran los grandes poderes que han conformado no sólo a nuestra ciudad sino a todo el país. Al este se encuentra el Palacio de Gobierno, al sureste el Palacio del Ayuntamiento y al norte la Catedral Metropolitana, por mencionar las estructuras más importantes. Durante los tiempos de la gran Tenochtitlan no existía ninguna construcción sobre la gran plataforma como lo confirma el plano de Cortés o de Nuremberg de 1524, donde vemos la palabra de Platea o Plaza. La arqueología también ha podido corroborar la inexistencia de grandes estructuras como templos o palacios, como sucedió en los trabajos de excavación de la Línea 2 del Metro al colocar la base del asta-bandera. Incluso en los trabajos arqueológicos de 1984 se encontraron ofrendas y otros objetos, pero ninguna estructura de dimensiones considerables. Lo que si se encontró en ese espacio fueron grandes monolitos mexicas destacando la Coatlicue y la Piedra del Sol, encontradas en el segundo semestre del año de 1790. Eventos fortuitos, pues la principal razón por la que se dio con ellos fue la remodelación de la Plaza de Armas ordenada por el Virrey y Segundo Conde de Revillagigedo. Es evidente que ambas piezas fueron enterradas en este espacio por los mismos mexicas con el objetivo de protegerlas de la destrucción que se llevó a cabo durante el Sitio de Tenochtitlan llevado a cabo por los españoles y sus miles de aliados indígenas. Ambos hallazgos se dieron en la esquina sureste de la gran plancha. En diciembre de 1791 se realizó el hallazgo de la piedra de Tizoc, la cual también fue removida de su lugar de origen. Esta majestuosa pieza fue utilizada como un temalacatl, piedra de rayamiento o de sacrificio gladiatorio, durante la fiesta destinada a Nuestro Señor Desollado Xipe Totec llamada Tlacaxipehualiztli. Algunos estudiosos podrán comentar que este monolito se trataba de una Cuauhxicalli o jícara del águila; un espacio donde se colocaban los prisioneros derrotados para extraerles el corazón. Difícil sacar una conclusión.

Piedra de Tizoc encontrada en diciembre de 1791.

Piedra de Tizoc encontrada en diciembre de 1791.

En los siglos XVI y XVII la gran plancha llevó el nombre de Plaza de Armas y empezó a configurarse el espacio como actualmente lo conocemos, rodeado de estructuras de gobierno. En 1530 Las Casas Viejas, o el Palacio de Axayacatl que se encontraba al poniente de la plaza, fue vendido por Hernán Cortés a la Audiencia encargada de administrar justicia. Las Casas Nuevas o el Palacio de Motecuhzoma fue vendido por el hijo de Cortés, Martín, en 1562 para que en ese lugar se estableciera el Palacio Virreinal y sus respectivas oficinas. En el costado sur del Palacio Virreinal (Palacio de Gobierno) se fundó la Real y Pontificia Universidad de la Ciudad de México (1553). Al oeste del edificio académico se encontraba la Plaza del Volador, un espacio donde se llevaban a cabo corridas de toros a las cuales era muy asiduo el mismo Hernán Cortés. Ese espacio se utilizaría también como un centro de intercambio y de compra-venta de bienes para el día a día de la población mexicana llevando el nombre de Mercado del Volador.

El 17 de agosto de 1695 el virrey Gaspar de la Cerda y Mendoza empezó la construcción del espacio más importante para el comercio en la capital de la Nueva España, El Parián. Este edificio con grandes arcos se ubicó en la parte poniente de la Plaza de Armas. Su nombre derivaba del mercado de Manila en Filipinas, pues muchos comerciantes que importaban sus artículos a través de la Nao de China también tenían presencia en aquel mercado asiático. En el centro de El Parián se encontraba una pequeña plaza repleta de puestos hechos de tendejones de carrizo techados con paja llamado el Baratillo. En este espacio se vendían artículos no comestibles para las clases bajas, como por ejemplo macetas, zapatos viejos, herramientas, palas y petates entre otros.

No es difícil imaginar estos espacios repletos de cojos, ciegos e inválidos pidiendo limosnas, vendedores que a gritos ofrecían sus mercancías entre charcos, restos de comida y perros callejeros. Era un espacio frecuentado por frailes que salían para abastecer sus conventos como también por caballeros de alta alcurnia que llegaban en carruajes y a caballo en busca de un hermoso artículo para decorar sus casas o ganarse el corazón de alguna dama.

El Zócalo, corazón de la Ciudad de México (s. XVI-XVIII).

El Zócalo, corazón de la Ciudad de México (s. XVI-XVIII).

En el oriente de la Plaza Mayor se encontraban más puestos improvisados hechos de carrizos, paja y madera donde se vendían todo tipo de comestibles para las clases bajas de la ciudad principalmente indígenas. Se podían encontrar alimentos preparados como merengues, sopes, tlacoyos, pulques y curados como también vegetales, frutas, semillas y carnes, entre muchos otros. Estos puestos estaban perfectamente formados en columnas y estaban a un lado de la horca, de la fuente principal de la Ciudad y del monumento para Fernando VI -una alta columna con su estatua en la cima-.

En aquellos tiempos aún se podía ver la acequia real que corría sobre la actual calle de Venustiano Carranza. Al oriente este canal entroncaba con el canal de la viga y llegaba a los Portales de las Flores ubicado en el actual Ayuntamiento de la Ciudad de México. En el siglo XVIII fue parcialmente techado.

La Plaza Mayor generalmente fue un espacio festivo, lleno de procesiones y de vida, sin embargo también fue testigo de grandes inundaciones como la de 1629 que destruyó gran parte de la Ciudad de México, pues sus calles pasaron 5 años bajo el agua y el lodo. También la gran plancha fue testigo de rebeliones populares por carestías como la de 1624 y 1692 que terminaron en el incendio del Palacio Virreinal. Años después también estuvo presente cuando fue humillada la soberanía nacional con la ocupación de los americanos en 1847, y la de los franceses en 1863 para establecer los cimientos del efímero Segundo Imperio de Maximiliano de Habsburgo.

En fin, esta gran plaza pública seguirá siendo un mudo testigo de los hechos que han marcado la historia de nuestra nación y de nuestra ciudad.

 

 

Share This Article

Reconoce MX

Reconoce MX es un proyecto de difusión artística, cultural y de conciencia social que está enfocado a difundir y fomentar el entretenimiento alternativo de calidad para todo el público que comparta el mismo entusiasmo.

Miércoles nostálgico: ‘Imagina’, de Genitallica

Next Story »

Jueves independiente: ‘La comparsa’, de El Gallo Lester

Leave a comment