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Father John Misty y su desgarrador recital

Por María José Flores Lozada.

El pasado miercoles fui al concierto de Father John Misty. La verdad es que solo sabía que empezaba a las 21:00 horas y debía de estar antes en la entrada del Teatro Metropólitan para recoger mi boleto. Tampoco sabía si alguien le abriría, y – sinceramente- ir desinformada funciona bastante bien si lo que uno quiere es sorprenderse; tal fue el caso y la primera sorpresa fue Adán Jodorowsky, quien se apareció en el escenario por ahí de las 20:30 horas con una guitarra y junto a él un tal Sergio para abrir el concierto. Ambos estaban vestidos, parece que de jaraneros, completamente de blanco, con pantalones y camisa fresca. Sergio salió con su jarana pero, y si no mal recuerdo, en dos ocasiones utilizó el contrabajo.

La actitud de Adán Jodorowsky era como la de su outfit: muy fresco, relajado, contento, su humor característico, sin conciencia del tiempo y agradecido por estar invitado al show. La selección de los temas sobre amor/desamor fue variada, y todo por supuesto en una versión distinta a la que conocemos, ya que solo era su voz, una guitarra, una extrovertida pero bien portada jarana y unas falsa trompeta. Abrió con «Collar de perlas», también «Estoy mal», otras más y por ahí se coló una canción de su nuevo álbum el cual saldrá en octubre.

«Pure comedy» fue la canción con la que abrió Father John Misty. Él y sus músicos, él y su equipo detrás se lucieron. Sin afán de depreciar al protagonista homónimo del show, quiero empezar por resaltar la calidad en la factura del diseño de luces; empatía total de las atmósferas creadas por esta parte del equipo con cada una de las veinte canciones interpretadas por el vocal, que dieron como resultado distintas perspectivas de la silueta finamente definida de un Josh Tillman que a ratos baila con un medio ademán parecido al de un niño aguantándose las ganas de ir al baño, la otra mitad es porque sabe coordinar su cadera con sus delgadas piernas largas y sobretodo sentir lo que interpreta y luego proyectarlo.

Fue un concierto bien planeado y ejecutado. Lo primero es obvio ya que a pesar de la melodía de cada canción que amenaza con la monotonía, tuvo cambios en los momentos precisos para no caer en ese arrullo folk, además, repito, del increíble diseño de luces. Esta vez no interactuó tanto con el público, por ahí un «gracias», un comentario respecto al mood de desesperanza que intentaba recrear, una invitación al público para ponerse de pie y la interpretación dirigida a un grupo de hombres en primera fila.

No solo sonaron canciones de su tercer álbum, cuyas ocho primera canciones se presentaron en el mismo orden que aparecen en el disco, sino también temas de sus otros dos álbumes como «Funtimes in Babylon», «Nancy from now on», «True affection» – interpretada con bastante energía y quizá lo más electrónico de la noche -, «I love you, honeybear». El recital de Father John Misty se volvía más desgarrador hasta llegar al piso; visceral hasta agotar la voz. Cerró con una actitud de lamento por «Bored in the USA» seguido de algo más tranquilizante como «Real Love Baby» como para regresarnos todo lo que se había llevado y volverselo a llevar… «I want real love baby, oooh don’t leave me waiting…»

Fotos: OCESA / Lulú Urdapilleta.

 

 

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