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#FestivalAural2017: Roscoe Mitchell & Chicago Underground Duo y Marcos Miranda

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Por Moeuf Moeuf.

El pasado viernes 15 de diciembre, en el Anfiteatro Simón Bolívar, sede del tercer día del Festival Aural 2017, lucía una pequeña fila que conforme se acercaba la hora del concierto, se expandía. Un señor de aproximadamente 57 años sorprendido ante el número creciente de personas que esperaba a entrar; contaba que la última presentación de Roscoe Mitchell, en México fue principios de los ochenta. Todo un frenesí.

La fila avanzó para entrar al recinto. Para sorpresa de varios, aún había espacios libres en el anfiteatro. Se podía escoger un buen lugar para que la cabeza del vecino delantero no opacara tu paisaje sonoro.

20:15 horas. Marcos Miranda parado en el escenario. Sin decir nada comenzó a tocar el clarinete soprano: ritmos espaciados que poco a poco construyeron atmósferas musicales, un sonido que desembocaba en otro y, que a su vez, conduce a uno más, así sucesivamente hasta llegar a la explosión de improvisación: fractal del jazz. Y es que su propuesta musical proviene de la mezcla de lo espiritual que deviene en sonoridad.

El clarinete dejó su lugar al salterio. La misma naturaleza musical del instrumento dejó que fluyera el sentir. Sonidos más orgánicos que primero apelan al trance para después romper con esta atmósfera, al llevar al límite las (no) notas del salterio.

El espiral sonoro era un continuum. El virtuosismo de Marcos dio paso a la esencia del clarinete alto. Al hacer una especie de juego con el cambio de boquillas o la ausencia de éstas, creó un aire volcado a un sonido más primitivo. A la par conservaba esas melodías y ritmos circulares que delimitan un espacio sonoro.

Por último tocó el khene, un instrumento tailandés que yo nunca había escuchado. (Lo)cura para los oídos. Al escuchar el khene imaginaba que tenía un mecanismo de funcionamiento similar al de la armónica, sólo que su longitud hacia que el sonido se expandiera en ondas que yo desconocía. Un efecto catalizador de un trance hipnótico en el escucha. Este instrumento en realidad posee un juego de tubos de bambú que se agrupan en dos hileras y que van desde el más largo hasta el más corto, dispuestos en una caja de aire. Realmente es todo un viaje y deleite escuchar el khene.

Después de casi una hora, terminó la interpretación de Marcos Miranda. Un pequeño intermedio antes de llegar al momento esperado por muchos.

21:10 horas. Comenzaron Roscoe Mitchell & Chicago Underground Duo. Del lado izquierdo del escenario, Roscoe Mitchell y su saxofón. Al centro, Rob Mazurek, cornetista del dúo; frente a él un secuenciador, me parece. Del costado derecho, Chad Taylor a la batería y otras percusiones.

A ciencia cierta es difícil explicar la interpretación que realizó Roscoe y su banda. Digamos que el ambiente se llenó de sonidos disonantes que a muchos los llevaron al éxtasis y a otros cuantos a un lugar donde quizá sólo encontraron ruido.

Comienza el concierto. Roscoe construye una atmósfera de frecuencias bajas que después se alimentará de los sonidos histriónicos de los alientos y las percusiones, generadores de ritmos más orgánicos. Las variaciones se hacen presentes sin tener que seguir algún parámetro, lo que aquí predomina es la ruptura y el constante vaivén de la disonancia acústica.

Rob Mazurek saca dos manojos llenos de ¿cascabeles? Les mentiría si les dijera que sabía qué eran (quizá un músico diría: percusiones idiófonos) y comienza a sacudirlos. El espacio sonoro da paso a la transgresión del sonido.

Algunos escuchas emocionados golpetean las butacas, unos cuantos mueven un poco sus cuerpos, otros permanecen inertes ante el estruendo que está emergiendo de la sala y unos más cierran los ojos para alcanzar un estado elevado de conciencia. Los segmentos acústicos siguen, aquí nada marca un ritmo, más que el no ritmo, no hay un fin y las secuencias son prolongadas.

Después de casi 40 minutos, no lo sé, se pierde un poco la noción del tiempo. Termina el primer set. La gente aplaude extasiada, otros aprovechan para salirse. Seguir el hilo de algo que no tiene pies ni cabeza, no siempre es fácil. Y el público a quien va dirigido el free jazz y la improvisación, no es cualquiera. Hay que desear empezar primero a tener un orgasmo cerebral para quizá después pasar al corpóreo. El siguiente set es  una locura similar a la anterior.

El concierto terminó y muchos realmente no sabíamos bien qué es lo que había pasado, o quizá sí, pero era difícil digerirlo y expresarlo en ese momento. Roscoe Mitchell dio un buen concierto. Tener la oportunidad de escuchar a un músico avant-garde para entender el free jazz, se agradece y aprecia. Es innegable su aportación como leyenda pionera en la experimentación del sonido y nuevas propuestas de escucha.

Como cierre del Festival Aural 2017  le siguieron otros conciertos tanto el sábado como el domingo en la Casa del Lago y el FARO Aragón.

Foto de Mario Hernández cortesía de Malfi Co.

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