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“Hamilton”: la historia de esa noche

Columnistainvitado
Por Sofía Sánchez-Verduzco.
Fotos por Sofía Sánchez-Verduzco y Dr. César Sánchez.

Septiembre 28 de 2017. Hasta el lunes 25 pensaba que ese jueves sería un día más, un día perfectamente ordinario en mi vida, hasta que recibí la noticia de que viajaría al año 1776 en el Teatro Pantages en Hollywood Boulevard: vería “Hamilton”, el musical de Broadway compuesto por Lin-Manuel Miranda, el musical ganador de once Premios Tony en 2016. “Hamilton” se presentaría como parte de su tour por Estados Unidos.

Eran apenas las 19:20 horas y ya había mujeres en vestidos largos y hombres en trajes y gabardinas afuera del teatro; esperaban a que se abrieran las puertas del Pantages para tener acceso a un fenómeno musical sin precedentes. Tras el ingreso al vestíbulo la gente rodeó las islas de suvenires para adquirir algún artículo oficial: playeras, sudaderas, llaveros, pósters e incluso la biografía en la que se inspiró la obra.

Cuando por fin se abrieron las puertas del teatro, el escenario estaba expuesto y no podías evitar ansiar el ver cómo la acción tomaría lugar ahí. Poco tiempo después las luces se apagaron, sin necesidad de llamados todos los miembros de la audiencia estaban ya en sus lugares correspondientes, todos emocionados por la misma causa. Cuando estás en unión emocional con los demás los sentimientos se potencializan, así que la euforia del público se hizo oír cuando Michael Luwoye, quien interpreta al personaje de Hamilton, hizo su primera aparición.

Yendo tiempo atrás, fue en 2008 y en playas mexicanas cuando Lin leyó la biografía, escrita por Ron Chernow, de Hamilton. Mientras leía eran el hip hop y el rap los que, en esencia, personificaban a los padres fundadores. Uno de los diálogos de la obra canta: “No tienes control sobre quién vive, quién muere, quién cuenta tu historia”. A partir de “Hamilton” descubrí que tampoco se tiene control sobre cómo se cuenta . Por medio del hip hop, y otros ritmos con menor presencia como el blues y el pop, Lin nos contaría la historia de Alexander; tomó una pluma y empezó a plasmar su visión, solo Lin podría hacerlo. La vida de Hamilton ha sido contada desde hace dos centenarios, pero solo Lin-Manuel Miranda pudo ver más allá que los demás, él escribiría “Hamilton”, sin embargo su visión era tan diferente que pocos creyeron en ella. Como dijo Mark Twain: “Un hombre con una idea nueva es un loco hasta que la idea triunfa”. En aquel entonces la idea sonó descabellada para todo aquel que la escuchaba, pero sonó a gloria en 2015 cuando “Hamilton” se estrenó en el Public Theatre de Nueva York.

Sí, “Hamilton” nos cuenta la historia del primer secretario de tesorería de Estados Unidos, pero no se dejen engañar, no piensen en sus clases de historia; piensen en todo lo que conlleva la vida en sí, pues como toda persona, Hamilton vivió momentos de drama, debilidad, fuerza, acción, vivió el amor y vivió para superarse, para dejar un legado. Fue héroe de guerra en la independencia de Estados Unidos, y como muchos, fue una persona que luchó incansablemente por sus ideales, por la libertad; fue alguien con ambiciones y siempre fiel a sus convicciones.

Estos elementos te entregan a uno de los padres fundadores de Estados Unidos de una manera en la que te puedes identificar con él, en la que puedes sentir empatía por él, preocupación, admiración y hasta decepción. Es así como una distancia temporal de 200 años puede desaparecer en cuestión de dos horas, es así como un teatro se puede encontrar llorando minutos después de reír.

Lin nos entregó emociones a través de sus letras y entendimiento con su música, los cuales fueron otorgados a cada espectador a través del elenco y con ayuda de la acústica del Pantages. La música de Lin, junto con los precisos efectos sonoros, transmite muchísimas sensaciones diferentes, crea atmósferas y ambientes, de tal forma que el espectador comprende qué está sucediendo a un nivel no lírico, pero igualmente poético. Sin embargo la grandeza de “Hamilton” no puede ser apreciada en totalidad si no se contempla la puesta en escena, ya que es la parte visual del musical y forma parte del mensaje. Al estar entre la audiencia eres testigo de elementos visuales que terminan por redondear lo que la obra nos quiere transmitir, por ejemplo:

  • Cuando George Washington le pide a Hamilton que sea su mano derecha, le entrega una pluma pues quería que Hamilton hiciese trabajo de escritorio mientras que él quería pelear en batallas. Es aquí donde Alexander se encuentra en un dilema que debe resolver para seguir superándose. En el soundtrack Hamilton demora en dar una respuesta, pero él no iba a desperdiciar una oportunidad y el momento de indecisión acaba. Sin embargo, no entendemos por qué tuvo que pensar en su decisión hasta que vemos el trabajo que Washington le ofrece.
  • El rey George III se queda en el escenario tras su actuación en el número “I know him”, contempla y disfruta la forma en que Hamilton destruye, por medio de la palabra escrita, al nuevo presidente de los Estados Unidos, John Adams. Lo anterior encaja perfectamente con la personalidad sádica del rey que nos es presentada en su primer número, “You’ll be back”.

Así como la puesta en escena nos permite entender la historia, uno de los elementos más importantes es la actuación de los miembros del elenco, pues son ellos quienes sumergen a la audiencia en lo que está pasando y en el universo que nos presentan para que lo podamos percibir como una realidad.

Quiero hacer énfasis en Joshua Henry, quien personificó a Aaron Burr. En el teatro musical la voz del actor te debe de dar todos los elementos necesarios para que a través de únicamente tu oído, entiendas las emociones del personaje y lo que te quiere transmitir. El Aaron Burr de Joshua Henry me dejó un sentimiento completamente diferente al de Leslie Odom Jr., quien interpretó a Burr en el elenco original; por ende el sentimiento fue otro de acuerdo a lo que la voz de Burr me hizo sentir en el soundtrack del musical. Esa diferencia me encantó, fue conocer nuevamente al personaje y permitió que quienes ya conocíamos el musical pudiésemos sorprendernos.

Tras un intermedio de quince minutos nos vimos en 1789 con la llegada de Thomas Jefferson a Estados Unidos, y es esa entrada la que nos empieza a llevar hacia el final de la historia. El inicio del segundo acto nos presenta escenarios de tensión y de envidia, es donde todo empezará a complicarse para Hamilton, quien ya es secretario de tesorería; pero morir es fácil y vivir es más difícil, es a partir de aquí que Hamilton debe de luchar por proteger el legado que ha ido construyendo desde su llegada a Estados Unidos.

Sí, “Hamilton” nos cuenta la vida de un joven con una infancia cruel y que en aras de su dolor nace la ambición de ser alguien, de levantarse en armas para elevarse como persona; pero sobre todo nos habla del tiempo y del valor que tiene en sí, de múltiples decisiones que deben de tomarse en función al tiempo y de sus consecuencias; nos sumerge en un dilema sobre qué es lo mejor: esperar o actuar.

El Pantages tendrá en su escenario al elenco de “Hamilton” por poco tiempo, solo hasta diciembre 30 del presente año. Si por alguna razón tienen la oportunidad de sentarse en una de sus butacas rojas: no esperen. No pierdan la oportunidad de ser testigos del nacimiento de una nación, de la lucha por la libertad, de amores y pasiones, de duelos y de lutos; después de todo, siempre ambicionamos un poco más y el tiempo, así sean 50 años, no es suficiente.

 

 

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