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“La forma del agua”: el amor y la vida esculpidos por las manos de Guillermo del Toro

Por Yuriko Alhelí Hidalgo Martínez.

Personalmente, desde el inicio de la cinta, me resultó tremendamente difícil adjetivar tan magistral obra de arte. ¿Cómo describirla? ¿Cómo desglosar el microcosmos que se encuentra dentro de cada personaje? ¿Cómo abordar cada historia independientemente? Amor, vida y muerte, según Juan Rulfo, son los temas universales, el génesis de todo discurso y decisión; actualmente, dichos tópicos están completamente desgastados, sólo queda la sombra de ellos como pauta para la reflexión. No obstante, el gran Guillermo del Toro, a través de “The shape of water” (2017) nos encamina dentro de un mundo fantástico, muy parecido al nuestro, con el que nos recuerda la esencia auténtica de la belleza, del amor, de la vida y de la muerte, ésta última como parte de la trascendencia, no como paso final.

En “La forma del agua” (2017), por su traducción al español, se aborda la historia de Elisa Esposito (Sally Hawkins), una chica noble y trabajadora que forma parte del personal de intendencia en un instituto de investigación científica en Estados Unidos a inicios de los años sesenta. Desde el inicio de la cinta se desvela su dulce carácter y enorme corazón. Los rutinarios días de Elisa no le molestaban en lo más mínimo, sin embargo, con la llegada de un misterioso ser al laboratorio del instituto, su vida da una vuelta completa, y aquella adorable mujer se adentra en los oscuros caminos donde sólo puede alumbrar el amor. La peculiar criatura representa una mina de oro, económicamente hablando, para unos, y un gran problema para otros, por lo que una de las autoridades del instituto, un ser despiadado y lleno de odio, opta por asesinar al ser que, aseguran, fue considerado un dios en la antigüedad. La señorita Esposito rompe con la idea de que “la curiosidad mató al gato”, pues más allá de meterse en problemas debido a su sutil fisgoneo, es su particular apreciación y respeto por la vida lo que le permite hacerse amiga de aquella criatura tan extraña que vive dentro de un tanque lleno de agua, de quien más tarde se enamorará y por quien no sólo se sumergirá en las cuencas del peligro, sino por quien navegará hasta las últimas consecuencias.

Las impecables actuaciones de Doug Jones, Sally Hawkins y Michael Shannon, protagonistas de la historia, atrapan por completo a cualquier espectador. Los profundos escenarios, teñidos en su mayoría de colores tierra, verdes, así como de sombras, ofrecen un ambiente plagado de misterio, de riesgo, incluso de cierto suspenso, con lo que contrasta la gran pasión desprendida por los amantes cuando se han dado cuenta de que sus sentimientos son más fuertes que los prejuicios. El trabajo actoral de Michael Shannon además de evocar enojo e incomodidad, logra propiciar miedo e impotencia ante el recuerdo y aceptación de la maldad existente en el mundo, de los tiranos que abundan y de la falta de justicia que ahoga al planeta. Por otro lado, Sally Hawkins, Octavia Spencer y Richard Jenkins, quienes interpretan a las minorías (una muda, una afroamericana y un homosexual, respectivamente), sostienen un claro y noble discurso de tolerancia, empatía, poesía, belleza y autenticidad, que se opone al morbo que ha acompañado a la historia del hombre y que ha desembocado en los peores tipos de enjuiciamiento y dominación. La película, como un todo, se transforma en un ser vivo con defectos, virtudes, problemas y aprensiones, pero también en un ser con la capacidad de modificarse a sí mismo en favor propio y del resto.

El gran Guillermo del Toro, escritor, productor y director de esta masterpiece, en entrevistas recientes, ha asegurado que “The shape of water” (2017) es su película más cercana, es un conjunto de elementos que busca rescatar el respeto y amor a las diferencias, promover la tolerancia y expandir la mente de todos sus espectadores. El director mexicano, originario de Guadalajara, Jalisco, le ha dado un giro a su carrera con la creación de este maravilloso guion, ya que es emprendido a partir de la expectativa de su “yo” maduro, de lo que le importa a Guillermo del Toro a sus 53 años, lo que le inquieta. Cabe destacar que el crecimiento y evolución desde la primera película en la que trabajó hasta este gran material de 2017, no han implicado una pérdida de magia, romanticismo o del fiel apego a los monstruos clásicos, al contrario; con “La forma del agua” (2017) ha logrado hacer la suma perfecta de esos elementos, con la clara intención de ejercer un cambio en la sociedad. Su actual visión del mundo y la proyección de ésta en su más reciente film tratan de acercar al sector adulto, que debido a las arraigadas y arcaicas ideas con las que a veces carga, es el público más difícil de roer. Lo anterior no exilia al público joven de ninguna manera, de hecho lo invita a ser parte del cambio.

Muy probablemente la constante relación del agua y sus derivados con la historia se prestará a múltiples interpretaciones, lo que resulta enriquecedor para el producto cinematográfico que se nos ofrece en este invierno, ya que no sólo pone sobre la mesa las ideas del creador, sino también de sus receptores, quienes son parte importante de cualquier proyecto. Quizá sea la relevancia de tan vital líquido lo que cause ruido, su naturaleza mística, su poder sobre cualquier tipo de vida, su estética o el simple movimiento; tal vez no cause ruido y el público se limitará a lo que vea en pantalla, pero no ir más no es el estilo del maestro del Toro.

Guillermo del Toro, acreedor del Globo de Oro 2018 como “Mejor director”, al ser la mente principal detrás de la cinta, siendo productor, escritor y director de la misma, explota descomunalmente su potencial y el de cada miembro del equipo con el que trabajó. Gracias a su participación en cada aspecto del rodaje logra llevar al máximo la exquisitez de su obra, de sus personajes y de su más profundo sentir. Sin embargo, la importancia de este film no sólo parte de que Guillermo se haya responsabilizado de la mayor parte de la filmación, sino de su interés porque cada personaje brillara a su manera, dejara ver su historia y que representara a una pequeña parte de todos los grupos de seres vivos, que aunque son distintos merecen el mismo buen trato, respeto, aprecio y derecho a la vida. La trascendencia de “The shape of water” (2017), por otro lado, radica en el mensaje de amor que Guillermo del Toro ha tratado de transmitir a lo largo de sus películas, pero que fue capaz de concretar en esta: Yo quería, en una sola escena, si era posible, decir qué es el amor. Y para mí el amor es exactamente lo que dice ella (Elisa): ser mirado, y sentir que al ser mirado te ven completo; no te ven como lo que te falta, como lo que no eres. Eres visto como eres, eres amado como eres, y eso no tiene precio.”

Independientemente de los premios físicos que gane y de las críticas que reciba, “La forma del agua” (2017) pinta para ser un clásico, una más de las marcas insuperables, la división entre un antes y un después del cine internacional y del pensamiento humano, así como de la reflexión sobre tolerancia, cuya bandera se ha llevado desde hace años, pero que en esta obra maestra se ha hecho una voz fuerte y real.

“Si logramos encontrar lo nuestro en lo otro, llegamos a una paz”, Guillermo del Toro.

 

“La forma del agua” estrena mañana viernes 12 de enero en cines comerciales y Cineteca Nacional.

Con imágenes cortesía de Fox México.

 

 

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