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La irónica realidad de la ley del más fuerte en “La gallina degollada”

Columnistainvitado

Por Sandyluz.

El cuento de Horacio Quiroga “La gallina degollada” es un ejercicio simbólico, más allá de narrar las desavenencias de una familia con hijos idiotas. El estilo mórbido y contrastante de Quiroga no se hace esperar en esta narración, donde, a la par de sus demás cuentos, la línea temática central es el impedimento del ser humano frente a la naturaleza; asimismo, las situaciones irónicas, derivadas, cuando el ser humano juega a ser dios.

“La gallina degollada” narra la decadencia de la familia Mazzini-Ferraz, quienes van de mal en peor, a partir de no poder concebir un hijo físicamente sano y aceptable para los estándares sociales de salud y belleza. La ironía comienza con el conflicto inicial, cuando el primogénito de los Mazzini-Ferraz sufre convulsiones que lo dejan idiota. Los anhelantes padres, quienes tienen “todo en regla” para ser una familia feliz, deciden nuevamente procrear; sin embargo, les sucede lo mismo una segunda y una tercera vez: sus tres retoños son indignos (han quedado idiotas). En el desarrollo del cuento, luego de querellas y reproches, los Mazzini-Ferraz dan a luz a una niña perfectamente sana, quien rebasa la edad fatídica que postró a sus tres hermanos idiotas. Como momento retardante del clímax, la simbólica escena de la cocina: los tres chicos, bestialmente tratados, y siempre puestos aparte frente a una pared de ladrillos, observan cómo la cocinera degüella una gallina en la cocina. Al unísono repiten “rojo-rojo-rojo”. En la parte climática del relato, la niña es descuidada por los padres; y, los hermanos idiotas, por mero acto de imitación, ponen en práctica lo observado horas antes en la cocina… Irónicamente es lo único que aprendieron en su hogar, pues la norma fue tratarlos siempre de manera infrahumana.

¿Por qué leer un cuento donde el deseo de trascendencia humana, sarcásticamente, se vuelca en su contra? Justamente por eso: Quiroga revela, mediante esta situación ficcional, que el ser humano sólo tiene un depredador: él mismo. ¿Quiénes son las víctimas y quiénes son los victimarios? A simple vista los victimarios son los asesinos circunstanciales: los niños idiotas de los Mazzini-Ferraz; desde luego que la víctima inmolada es la hermana, la dulce e inocente “Ricitos de Oro” del cuento. Sin embargo, yéndonos a una connotación más honda, realmente los victimarios son los padres, quienes descuidan tremendamente a los hijos que los avergüenzan. Con esta situación alegórica, Quiroga muestra cómo desde la célula social básica (la familia) se gestan las peores desigualdades e injusticias, cuando al desvalido se lo deja “a su suerte”. De acuerdo con los cánones estéticos y del éxito social, siempre existen las familias encumbradas, quienes se desentienden por completo de los “idiotas sociales” (desvalidos, discapacitados, indigentes, pobres, inadaptados), quienes, al igual que los niños Mazzini-Ferraz, son aventados a un banco, para que contemplen un muro de ladrillos, sin posibilidad de decisión, sin posibilidad de actuación… Y luego nos quejamos de que estos atolondrados sociales se encaminen erróneamente hacia la violencia, cuando nadie se ocupó de ellos, cuando jamás fueron considerados actores sociales, cuando éstos simplemente obraron imitativamente y desde su ignorancia -siguiendo patrones otorgados por los medios de comunicación masiva, muchas veces amarillistas y gestores de héroes falsos-.

También, alegóricamente hablando, la tragedia de los Mazzini-Ferraz critica la práctica humana del sacrificio, ritual muy difundido, tanto por los credos paganos, como cristianos. Dice Carlos Fuentes, en su cuento “Chac Mool”: “Pero un Dios al que no le basta que se sacrifiquen por él, sino que incluso va a que le arranquen el corazón, ¡caramba, jaque mate a Huitzilopochtli! El cristianismo, en su sentido cálido, sangriento, de sacrificio y liturgia, se vuelve una prolongación natural y novedosa de la religión indígena. (…) Y todo en México es eso: hay que matar a los hombres para poder creer en ellos.”

Con esta cita, Fuentes alude a la ofrenda y a la posterior ingesta de ésta, para recibir los nutrimentos necesarios para la sobrevivencia. Antiguamente, se hacían ofrendas de esta índole a la deidad. Hoy día, el cristianismo promueve, en su liturgia dominical, comer “el cuerpo de Cristo”, mediante la ingesta de la hostia. Luego, el ser humano está acostumbrado a devorar, digerir y prosperar. Recordar que una de las teorías evolutivas promueve que la humanidad evolucionó intelectualmente, gracias a su ingesta proteínica: la carne. Quiroga ironiza con ello, cuando son justamente los niños idiotas, quienes, actúan por imitación, para practicar un claro ritual de sacrificio, atacando a alguien de su misma especie. En situación tan tensa, el lector prevé la mordaz crítica de Quiroga hacia el progreso y la evolución humana. Hoy día, basta recordar los feminicidios, los crímenes por narcotráfico, entre otros bemoles, para calificar a nuestra sociedad capitalista, posmoderna, ¿civilizada? Así, el cuento de Quiroga, no pierde vigencia, debido a sus capas simbólicas y a su polémico tema: la raza humana, su supremacía y sus progresos, por encima de los demás seres de la naturaleza. El cuento se aproxima al terror, cuando vemos, a manera de moraleja, que al ser humano “le sale el tiro por la culata”, y que, como se ha demostrado con casos de la historia y del devenir de la humanidad, entre más “sangre azul” tenga el personaje (parientes en primer grado, teniendo descendencia), más marcados son los defectos congénitos, poniendo en entredicho la evolución y la supremacía del género humano (se apelliden, como se apelliden). Este cuento de tono realista y mordaz, “tan Quiroga”, revela que no sabemos coexistir como especie; que siempre tendemos a la competencia, y peor aún, a la depredación. “La gallina degollada” es una exquisitez literaria que explora nuestros roles sociales y nuestra involución como especie.

Fuente: Quiroga, Horacio. Cuentos de amor, locura y muerte. México: Tomo, 2002.

IMG_5743Sandyluz. “Detrás de la pluma…” Egresada del Tecnológico de Monterrey Campus Toluca, de la carrera de Ciencias de la Comunicación. Completó estudios de Creación Literaria en la Escuela de Escritores del Estado de México (SOGEM). También terminó una maestría en Estudios Humanísticos con especialidad en Literatura, en el Tecnológico de Monterrey. En un plano más relajado, es aficionada a los libros y a la escritura desde corta edad; ha escrito de manera informal cuentos y poesías; con uno de sus primeros cuentos ganó un concurso local del cual obtuvo su primer retribución económica y profesional, siendo ello un significativo incentivo para seguir escribiendo. La Literatura ha sido una válvula de escape para no enfermar de realidad. La fantasía reanima el fulgor de los sueños que soñamos dormidos y que soñamos despiertos…

 

 

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