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La PGR, Anaya y la pobreza de las instituciones en México

Por Daniel Higa Alquicira.

El caso de Ricardo Anaya, candidato de la coalición “Por México al Frente” a la presidencia de la república, se ha convertido en un trending topic en las redes sociales y una muestra de lo que el sistema, las instituciones y la cúpula del poder son capaces de hacer, ya sea para “impartir justicia” o para generar una lucha política que en el fondo no se sabe a quién beneficie.

Anaya ha sido señalado como parte de una red de lavado de dinero o uso indebido de recursos, por dos supuestos socios que participaron en las triangulaciones de dinero para beneficiar al ex presidente nacional del PAN.

Para “probar su inocencia”, el candidato presidencial acudió a la Procuraduría General de la República (PGR) a entregar un documento, donde presenta argumentos que lo deslindan de las acusaciones que hacen los dos empresarios relacionados con los hechos que se le imputan.

Luego la PGR mostró un video de esta comparecencia no oficial y esto ha desatado un ambiente de confrontaciones en las redes sociales, donde acusan a esta institución de mantener una “guerra sucia” contra Anaya y de paso, se le compara con otros casos como el desafuero de AMLO por el caso de El Encino en 2004.

Ante este hecho, el PAN mandó un comunicado de prensa donde afirma que “mientras el país vive niveles de alarmante impunidad e inseguridad, es denigrante ver a la PGR convertida en oficina de propaganda política, tratando de rescatar la campaña en ruinas del candidato del PRI José Antonio Meade“.

Con estos antecedentes, resulta que entonces las instituciones se convierten en instrumento para atacar a ciertos personajes que en su momento se convierten en un alto objetivo de valor político y sin importar el partido en el poder, ha sucedido indistintamente con el PAN y el PRI y en plena consolidación de la “transición democrática” del país.

Con una PGR perdida en la corrupción y el descrédito, ésta es tal vez la institución que más daño ha sufrido en los últimos años gracias a las pobres gestiones de los dos gobiernos panistas anteriores, sumándole además el olvido en el que la tiene la actual administración. En realidad, ¿quién puede confiar en ella en este momento?

Pero de igual forma pasa con la mayoría de los políticos, que siempre usan retóricas llenas de conceptos éticos para tratar de persuadir a la población y hacerles creer que son honestos, con una historia limpia y que todo es producto de su trabajo.

Luego resulta que tienen negocios millonarios, departamentos en Miami, fincas en Texas, casas de descanso en Ixtapan de la Sal o una mansión fastuosa en Las Lomas de Chapultepec. Y si todo es resultado de su trabajo, esto justifica el hecho del porqué las peleas desgarradoras por mantenerse en el poder.

Y si los salarios en la política no dejan tanto dinero, entonces –como sospechamos todos– estar ahí permite tejer redes ocultas para manejar recursos inimaginables y obtener beneficios directos por esas acciones, que luego se convierten en “acusaciones falsas” que solo pretenden “dañar la imagen pública” de los pobres samaritanos.

En cualquiera de los dos casos, el sistema y las instituciones se han convertido en solo la fachada de intereses ocultos que poco tiene que ver con el bienestar de la sociedad y el desarrollo del país.

Vaya usted a saber en qué termine el pleito Anaya vs. PGR, lo cierto es que en México, acusaciones tan graves como las que se le imputan al candidato presidencial, siempre se resuelven de alguna manera en donde se provoque el menor daño posible y se garantice la salud del sistema, que ese sí, beneficia a todos los que se mantienen en la cúpula del poder.

Fotografía: Diario Basta.

 

 

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