Las elecciones intermedias y sus sorpresas.
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Las elecciones intermedias y sus sorpresas

  • Por Daniel Higa Alquicira.

    Contrario a lo que muchos esperaban, la jornada electoral del pasado 7 de junio fue concurrida, en general se desarrolló de manera pacífica y de nueva cuenta se ratifica en las urnas el hecho de que los mexicanos podemos hablar mal de todo lo que pasa, pero siempre votamos a favor de esos que supuestamente son los culpables de todos nuestros males.

    Las elecciones intermedias y sus sorpresas. (Foto: Dimitri della Faille)

    Las elecciones intermedias y sus sorpresas. (Foto: Dimitri della Faille)

    No bastaron los escándalos de “la casa blanca” de la familia presidencial, ni los arreglos con los contratistas para que Videgaray y Peña Nieto compraran casas de descanso con algunos “beneficios”. O que las familias de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa llegaran hasta Europa para reclamar justicia, lo mismo que la presión contra el gobierno federal por las violaciones a los derechos humanos o incluso las mismas reformas estructurales, como la fiscal, que en su momento indignó a la clase media.

    Esto entre muchas otras cosas que fueron motivo de marchas, de campañas de protestas en redes sociales, de indignación popular e incluso, de que algunos medios internacionales hayan puesto el ojo en México para revelar cosas que aquí supuestamente nadie sabía.

    Y digo no bastó nada de esto ya que en términos generales, el gran ganador de las elecciones intermedias es el PRI y sus aliados. Con esto, el partido gobernante podrá al menos contar con unos 260 diputados, lo que les da la mayoría para controlar la cámara baja. Algo que desde hace algunos sexenios fue el gran sueño de los presidentes panistas, que ante la falta de acuerdos y habilidad para negociar, siempre terminaban culpando a los legisladores de la oposición de frenar sus posibilidad de implementar leyes o cambios constitucionales.

    Estos resultados me dejan pensando sobre el hecho de que la mayoría de las personas que votaron en estas elecciones –casi el 49% del padrón electoral–, están contentos, esperanzados o satisfechos con la forma de gobernar del PRI.

    De alguna manera, fue un gran espaldarazo social a la administración de Peña Nieto, que hasta antes del 7 de junio, parecía que estaba debilitado, con un porcentaje muy bajo de aceptación popular que auguraba posibles cambios importantes en la configuración de la escena política nacional.

    Desde mi punto de vista, es un entorno muy interesante para que algunos expertos en temas políticos y sociales nos expliquen el hecho de cómo una sociedad que hace meses estaba muy indignada –sobre todo por el caso Ayotzinapa–, que en las marchas se congregaron miles de personas en varias ciudades del país y que el ánimo –se supone– era de descontento, no puede plasmar ésto en los resultados electorales.

    No estoy diciendo que los resultados hayan sido fraudulentos ni nada por el estilo, simplemente me parece contradictorio, desmoralizante y preocupante, el hecho de que tanto movimiento, presión mediática y enojo social, solamente se queden en las calles y no sean capaces de pesar en las votaciones.

    Parece ser entonces que no hubo voto de castigo ni nada que fuera visible como una muestra de descontento social pacífico. Por un lado, esto demuestra que a pesar del entorno y de inseguridad que se viven en muchas regiones del país, la vida democrática sigue fortaleciéndose y por el otro, que parece que somos una sociedad que habla mucho y actúa poco. Como dice el refrán: “perro que ladra no muerde”.

    Si las urnas son el camino para un cambio, como dicen los expertos, en esta ocasión la mayoría de los votantes demostraron que el cambio no es necesario.

    Lo que si resultó muy interesante fue el hecho de que al menos cinco candidatos independientes lograron el triunfo en sus respectivos puestos. El caso más emblemático es “El Bronco”, que será el primer gobernador de Nuevo León que llega a ese puesto sin pertenecer a ningún partido político y desde una candidatura independiente.

    Tal vez ese sea el futuro para romper con la hegemonía partidista, sus vicios y fracasos. Irnos preparando como sociedad civil para dimensionar que las opciones para que cualquier persona pueda aspirar a algún cargo de elección popular sin tener que pertenecer a alguna estructura partidista, son reales y hay que fortalecerlas.

    Casos como el de Kumamoto en Jalisco también son una muestra de que no hacen falta presupuestos millonarios para realizar campañas exitosas, honestas y de frente a la sociedad.

    Hay que respetar el mandato de las mayorías, seguir trabajando para tener una nueva clase política que esté fuera del entorno del poder, y esperar que ésta se consolide para que las siguientes elecciones haya más candidatos independientes y que poco a poco se vayan convirtiendo en un contrapeso real a los partidos políticos que siguen gozando de los beneficios del poder sin que nadie los pueda mover de ahí.

     

     

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