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Exiliado en Estados Unidos por dos años, ansioso de pelear en Europa y luchar junto a los aliados, Antoine de Saint Exupéry vivía tristemente en Nueva York mientras se enteraba desesperado de los infortunios que pasaban los franceses. Era 1942 y la Segunda Guerra Mundial se encontraba en su apogeo. Enfermo, después de varios accidentes aéreos que vivió en su vida, de Saint Exupéry nunca se adaptó a la hoy ciudad de los rascacielos; extrañaba su patria, extrañaba Francia.












