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«Tenemos la carne»: un alucine propio de una pesadilla

Por Asfaltos.

Nos encontramos con Mariano, interpretado por Noé Hernández, un personaje curioso que en un inicio ubicamos como un vagabundo que vive en una casa abandonada. Es con el transcurrir de las imágenes que nos percatamos que Mariano no es -por decirlo así- un «homeless cualquiera»: algo trama, algo planea entre manos y pronto seremos nosotros quienes lo descubramos en la intimidad de una sala de cine oscura, cautivos por las imágenes que se nos presentan en la pantalla grande.

«Tenemos la carne» estrena finalmente en cines mexicanos después de un paso por varios festivales de cine donde ha generado comentarios diversos; muchos encontrados de manera definitiva. No es de entrada una película sencilla, de esas en donde se nos lleve de la mano de principio a fin para tener claro inclusive cómo debemos sentirnos; no, en «Tenemos la carne» no hay nada claro y probablemente hacia el final termine todo por permanecer de esa misma manera.

Su joven director, Emiliano Rocha Minter, es quien también escribe la película. Parece, de entrada, que todo surge de una serie de pesadillas. Las imágenes, la sensación que nos da el movimiento de la cámara y la rareza de Mariano, son algunos de los elementos que nos van introduciendo en un alucine que puede atraparnos, o que también -válido- podemos rechazar.

Dos jóvenes, de quienes se infiere escaparon de sus casas, llegan a la guarida de Mariano quien les recibe con una extraña amabilidad. El personaje de Noé es el más redondo de los tres principales en la película. Su mirada, característica y perfecta para el loco al que interpreta, no hace mas que intimidarnos al igual que a los dos chicos interpretados por María Evoli y Diego Gamaliel.

María también luce muy bien en su papel. Sin ganas de estropearles nada, es ella quien termina por generanos mayores dudas dentro de la historia. La misma puesta en escena de la cinta, con referencias muy claras a lo femenino, terminan por redondear de gran manera su personaje.

«Tenemos la carne» no es una película para todos, como he defendido yo siempre que no es obligatorio para todo lo que se produce; tampoco creo que sea la epítome de la transgresión, como muchos medios la han calificado; aunque sí creo que de manera muy sólida Emilio se dejó llevar sin tapujos para contar precisamente lo que quería, y sobre todo la forma en la que lo deseaba realizar.

Lo ideal es no buscarle una explicación a la película con la intención de calmar nuestras ansias tras sus 79 minutos de duración. Puede ser que haya habido una idea en la mente de Emiliano al momento de escribirla y de producirla; sin embargo hacia el final eso termina siendo lo menos importante. Es en la forma en la que nos presenta su trabajo, donde se pueden encontrar sus mejores atributos. Es apenas la primer película de Emiliano Rocha Minter, y de entrada, saber que la hizo con absoluta libertad es una buena señal para lo que venga.

 

¿La recomiendo? Si son curiosos y quieren ver algo diametralmente opuesto a lo que de manera tradicional encuentran en pantallas, «Tenemos la carne» es una opción para ustedes. «Tenemos la carne» se estrena mañana viernes 24 de marzo en cines de Ciudad de México, Toluca, Guadalajara y Monterrey.

Con imágenes cortesía de PIANO.

 

 

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