'Tensa calma', una crónica de la marcha del #20NovMx.
  • Page Views 847

‘Tensa calma’, una crónica de la marcha del #20NovMx

  • Por Enrique Figueroa Anaya.

    Pasaron más de dos horas y yo seguía ahí, justo en el cruce entre 5 de mayo y Eje central. Cerraba los ojos y me dejaba llevar por los sonidos. En el aire viajaban los gritos de miles que tras lo sucedido en Ayotzinapa pedían justicia; por un momento, entre la inmensa multitud de miles que marchaban, el grito era el de un grupo: el de un todos.

    'Tensa calma', una crónica de la marcha del #20NovMx.

    ‘Tensa calma’, una crónica de la marcha del #20NovMx.

    Llegué a la marcha, junto con mi amiga Laura y su novio Memo, cerca de las 18:00 horas. Habíamos viajado por la Línea 3 del Metro capitalino para bajar finalmente en la estación Bellas Artes. El edificio, uno de tantos emblemas del porfiriato que caería con el inicio de la revolución mexicana de 1910, había sido fuertemente protegido contra las pintas al igual que otros edificios históricos.

    «¡Son muchísimos!», me decía Laura al ver a los manifestantes; yo, por mi parte, nervioso, observaba a una señora y a sus dos hijas con una canasta llena de frituras que se tambaleaba sobre una pequeña caja. «Señora, hágala más para acá, me pone de nervios que le vayan a tirar la canasta», le pedía genuinamente preocupado. Ella sonreía y asentía; era un buen día para vender.

    Escuchando consignas y viendo el numeroso contingente muy bien organizado que caminaba por Eje Central y enfilaba al Zócalo por 5 de mayo, trataba de comunicarme con alguno que otro conocido que sabía que estaría ahí. Señal telefónica había; pero el internet ya estaba fallando. Intenté hacer cobertura en vivo para redes sociales, pero apenas logré avisar que estábamos en la marcha. «Ya escribiré mi texto», pensé.

    'Tensa calma', una crónica de la marcha del #20NovMx.

    ‘Tensa calma’, una crónica de la marcha del #20NovMx.

    Después de horas de estar parados nos unimos al contingente que venía también por Eje Central, pero en esta ocasión desde Tlatelolco. Con ellos entramos caminando por Tacuba. Después, tras lograr comunicarnos con unos conocidos, regresamos a 5 de mayo por Condesa (entre Palacio Postal y Palacio de Minería). Entre gritos, pancartas, un gran muñeco de Peña Nieto, algunos machetes, antorchas y hasta caballos, logramos entrar al Zócalo.

    Los estudiantes se acabaron las voces gritando, levantaron los brazos, portaron velas y cantaron alto. Era una fiesta. Fiesta en la que una joven, en la que seguramente era su primera «pinta», no atinaba a activar su spray para manifestarse sobre alguno de los edificios o barreras que muchos negocios colocaron precisamente para evitar ésto. Fiesta en la que niños, familias completas, jóvenes, adultos y adultos mayores caminaban por igual. En mi camino me encontré con un señor, de avanzada edad, visiblemente emocionado. Sonreí.

    Después de un breve trayecto terminamos en el Zócalo. La plancha central de ciudad de México lucía repleta. Sin empujones logramos colarnos hacia el interior. Así como había muchos manifestantes, también me topé con no pocos vendedores. Había elotes, sincronizadas, tehuacanes y tamales. Era una marcha pacífica, aunque ya eran varios los encapuchados que había visto.

    'Tensa calma', una crónica de la marcha del #20NovMx.

    ‘Tensa calma’, una crónica de la marcha del #20NovMx.

    Después de encontrarme inesperadamente a dos amigos, terminamos a uno de los costados del asta bandera del Zócalo. Diversos grupos, por su cuenta, vivían la marcha a su manera. Gritaban algunos, caminaban y se abrazaban otros. Donde estábamos nosotros, en el asta, se pegaron carteles y se prendieron velas que se colocaron en el piso. «¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos».

    De repente, la aparente calma, se fue tensando. Si bien en el cielo observamos algunos globos de cantoya elevarse, también escuchamos las primeras explosiones. «Nunca me voy a acostumbrar a eso», me decía Laura. Para serles sincero, yo tampoco.

    Curiosos nos acercamos a Palacio Nacional. «Están aventando bombas molotov al edificio», les dije. Un grupo menor, al que había que llegar tras cruzar una cadena que otros manifestantes habían formado agarrados de las manos para separar el área pacífica de la violenta, provocaba a los que no noté que eran policías.

    'Tensa calma', una crónica de la marcha del #20NovMx.

    ‘Tensa calma’, una crónica de la marcha del #20NovMx.

    Veía algunos jóvenes reírse y celebrar las explosiones. También vi a otros quienes clamaban por la no violencia. A uno más le escuché revirar: «No es violencia, es resistencia». En el mismo lugar donde las familias compraban elotes y esquites, la calma se seguía tensando. Había un sentimiento de nervios, aunque observé algunas carreolas y algunos niños. Estaba preocupado, era como un extraño domingo por la noche… pero tenso.

    A lo lejos vi cómo un par de encapuchados eran rechazados del lado izquierdo de Palacio Nacional; del lado de Seminario que se convierte en Moneda. Los manifestantes les gritaban: «¡No violencia!». Cabizbajos se retiraron y se movieron al centro del contingente que seguía provocando. Vimos algunos flamazos, seguíamos escuchando explosiones y vimos algo de humo. Arriba de Palacio se veían algunas sombras a las que los manifestantes lanzaban lásers verdes. Inevitable pensar en momentos difíciles que ya ha vivido la ciudad.

    Las explosiones siguieron aumentando a medida que nos fueron dando poco más de las 21:00 horas. Llevábamos cerca de cinco horas en la manifestación y sin saberlo, sin siquiera sospecharlo, nos retiramos a tiempo. Justo cuando íbamos acercándonos a Madero vimos que el nerviosismo aumentaba. El grupo cercano al asta bandera empezó a correr. Había nervios. En Palacio aumentaba el humo que Laura supuso serían gases lacrimógenos. Tenía razón. Las luces de Palacio Nacional, antes encendidas, habían sigo apagadas.

    'Tensa calma', una crónica de la marcha del #20NovMx.

    ‘Tensa calma’, una crónica de la marcha del #20NovMx.

    Caminando ya sobre Madero vi que algunos volteaban a ver hacia el Zócalo. Algo sucedía, pero ya no miré hacia atrás. Nunca pensé lo que después, tras recuperar la red de celular, leería con horror. Salimos a tiempo. Granaderos habían limpiado el Zócalo golpeando por igual a jóvenes, adultos, niños y adultos mayores. Las provocaciones habían resultado.

    Laura, Memo y yo, nos dirigimos caminando hacia el Metro. Durante el trayecto observamos pintas y al interior del Metro seguimos escuchando consignas.

    Una vez dentro, en calma, en silencio, observé a una joven que rechazaba los arrumacos de su novio. Ella, sonriente, radiante, llamó la atención del hijo de dos o tres años de una vendedora ambulante. Visiblemente feliz, la joven, se levantó de su asiento y le regaló unos dulces al pequeño al que no le dejaba de sonreír. Irónicamente, al mismo tiempo en que un acto de sincero amor sucedía, en la plancha del Zócalo la violencia se imponía. Sin saber qué pasaba en el punto que dejamos, pensé -y sostengo-, «quizá la llamada revolución ya empezó y nosotros ni nos hemos enterado«.

     

     

Share This Article

Reconoce MX

Reconoce MX es un proyecto de difusión artística, cultural y de conciencia social que está enfocado a difundir y fomentar el entretenimiento alternativo de calidad para todo el público que comparta el mismo entusiasmo.

Las dos caras de México

Next Story »

Echándole gasolina al fuego

Leave a comment