Una lección cortesía de los niños triqui.

Una lección cortesía de los niños triqui

  • Por Enrique Figueroa Anaya.

    Conquistaron los corazones de quienes asistieron al Torneo Internacional YBOA (Youth Basketball of America) efectuado del 6 al 14 de julio de 2013 en Orlando, Florida. Los niños oaxaqueños de entre 9 y 12 años de edad conquistaron con justicia el cariño y atención de quienes gustosos contaron su historia; una muestra más de que las buenas noticias también pueden (y deben) contarse.

    Una lección cortesía de los niños triqui.

    Una lección cortesía de los niños triqui.

    Originarios del noreste del Estado de Oaxaca, los habitantes de la llamada región triqui forman parte de una isla cultural en medio del inmenso territorio mixteco que domina la zona. Vivir donde estos pequeños empezaron a jugar basquetbol hasta llegar a ser campeones a nivel nacional, no es cosa sencilla. El hambre y la pobreza son parte de su día a día.

    El avión que llevaría a los campeones a Orlando salió el 6 de julio de 2013 en punto de las 11:30 am de la ciudad de México. Nerviosos y a la vez emocionados por el primer vuelo que harían en su vida, los pequeños finalmente llegaron al sitio donde jugarían frente a otros niños de diversas regiones.

    Guiados por su entrenador, el equipo de campeones originario de la región triqui forma parte de la Asociación de Basquetbol Indígena de Mexico que busca sacar a jóvenes de la pobreza y la violencia. Estos niños, que jugaron con sonrisas y mucho empeño en los Estados Unidos, viven una realidad que pocos se imaginan en su natal México.

    Divididos por categorías, los primeros juegos arrojaron resultados no tan alentadores. Obligados a jugar con tenis, cuando están acostumbrados a hacerlo sin ellos, las molestias fueron otro rival más de estos pequeños que no dejaron de sudar en la cancha. Fue tanto su esfuerzo que hasta los papás de los equipos contrarios terminaron echándoles porras a los pequeños triquis que ya empiezan a extrañar sus frijoles y tortillas.

    A varios kilómetros de distancia, en su hogar, un menor de edad y su madre resultaban gravemente heridos de acuerdo a información de la Subprocuraduría Regional de la Zona Mixteca. El Partido Unidad Popular acusaba a la Unidad para el Bienestar Social de la región triqui del atentado; a las pocas horas el menor de 2 años de edad moría en el hospital de Santiago Juxtlahuaca.

    En Orlando, los niños fueron informados de la posibilidad de jugar sin zapatos. El nivel de juego de los campeones mexicanos aumentó de manera considerable; sorprendiendo a entrenadores y familiares de los equipos contrarios que nunca dejaron de preguntarse la razón por la que estos pequeñines jugaban sin zapatos.

    Hoy este equipo de niños campeones se encuentra de nuevo en México; donde si bien el hambre y la violencia volverán a ser parte de su vida, ahora la esperanza e ilusión renovada serán parte de sus armas para enfrentarles.

    «Nuestra cobardía y nuestra desidia tienen la culpa de que el mañana y el ayer sean iguales. [Nosotros] tuvimos el valor de enfrentar nuestro destino y nuestra esencia en nuestra fuerza de voluntad para decidir nuestro destino; hoy acaba Orlando gracias a todos los que hicieron posible este sueño», escribía en su muro su guía, profesor y entrenador, Sergio Ramírez Zúñiga.

    La historia de estos niños, que aún seguirán escribiendo su historia en el interior de nuestro país, es sin duda un ejemplo digno de lo que se puede hacer con esfuerzo y empeño. La ilusión de estos niños aparece como luz y respuesta para enfrentar las dificultades.

    Con información de Mexico’s Barefoot Champions.

     

     

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